Boletín IFP
| Arqueología — HIstoria |
Enero 2005
 
Entre el oro y el agua.
Visiones e ilusiones del desarrollo en la Sierra de Piura, Perú
Por César W. Astuhuamán y Raúl Zevallos O.(*)  
   

Las aspiraciones de los países pobres, por convertirse en países ricos y desarrollados, así como las expectativas similares de las diversas regiones y localidades dentro de aquellos países, se encuentran hoy ante un agudo dilema equivalente al ser o no ser del personaje de Shakespeare. La duda fundamental proviene aparentemente de diversas percepciones sobre lo que debe entenderse por riqueza y desarrollo, es decir: ¿un país con muchas industrias, con muchas inversiones y con un elevado nivel de vida para su población?, ¿un país –y una región y un espacio local-, que al mismo tiempo tenga un gobierno democráticamente elegido y con equilibrio entre los diversos niveles de poder? ¿Un modelo de desarrollo que se pueda sostener en el tiempo, que proporcione bienestar para toda o la mayor parte de la población y que asegure alternativas de vida para las futuras generaciones?

En este artículo vamos a explorar algunas visiones contrapuestas acerca del concepto de riqueza a nivel regional y sobre sus implicancias en la vida local. Para ello examinamos una variante de la leyenda de El Dorado que registramos en la sierra de Piura, al norte del Perú, y recurrimos a algunas observaciones de Humboldt acerca de esta región, doscientos años atrás. Seguidamente intentamos una explicación alternativa de la leyenda y presentamos nuestras visiones del futuro para la sierra de Piura, pues aunque investigamos el pasado o las tradiciones que se enraízan en el pasado, es en el presente, en el futuro y en la vida donde se encuentran nuestras mayores prioridades.

El Dorado en Piura
Una de las narraciones legendarias más conocidas de la América Indígena es la de El Dorado. Para recapitularla brevemente, podemos decir que en los inicios de la conquista, los españoles encontraron la leyenda en la sierra de Cundinamarca (Colombia) y la asociaron con la laguna de Guatavita. Según el relato, el gobernante local (el hombre dorado) cumplía en la laguna un rito anual de purificación, que culminaba cuando su cuerpo resplandecía, completamente cubierto de oro, y se zambullía en el agua.

Desde entonces, la leyenda ha desvelado muchos sueños y ha generado incontables empresas y aventuras de exploración en búsqueda de una ciudad llena de riqueza. Los buscadores de oro y otras riquezas equivalentes, han encontrado muchas versiones locales de esta narración en distintos lugares de los Andes y la Amazonía, como el mítico Paititi, en la sierra y selva alta del sur del Perú y el menos conocido Chicuate Grande, una “ciudad de oro” escondida en la sierra o selva alta de Piura, territorio de los antiguos Guayacundos, cerca a la frontera peruano-ecuatoriana(1).

El año 2000, cuando los autores de este artículo participamos juntos en la realización de un documental acerca de los principales sitios arqueológicos de Piura y Tumbes, particularmente aquellos asociados a los Incas, ya habíamos tomado contacto con la versión local de El Dorado en la sierra de Piura, habíamos discutido sobre los riesgos de entender los relatos legendarios al pie de la letra y, más que la posibilidad de un hallazgo arqueológico, que de todos modos no debe descartarse, nos había llamado la atención sobre todo, el trasfondo simbólico de la leyenda: un pueblo inmensamente rico, lleno de oro, ubicado en algún lugar de la sierra de Piura y que se encuentra escondido o “sumergido” desde los primeros años de la conquista española, convertido en una pampa o laguna según las distintas versiones. Un pueblo que, según los campesinos, aún existe, pero al que no es fácil ingresar, ya que sólo pueden hacerlo las personas “de buen corazón”.

Algunos años antes, al trabajar conjuntamente la edición de un estudio socio económico sobre la provincia de Ayabaca(2) (Astuhuamán y Zevallos 1996), nos había sorprendido también el extraordinario y vertiginoso incremento de peticiones y proyectos mineros en la sierra de Piura, a partir del decreto de promoción a la minería firmado por Alberto Fujimori en 1992. Uno de los denuncios más grandes en los registros del Instituto Geológico, Minero y Metalúrgico, era el de Coripacha (“Tierra de oro” en Quechua)(3), ubicado en el mismo territorio, entre Ayabaca y Huancabamba, donde la leyenda de Chicuate se mantiene vigente. Nos pareció entonces que la antigua leyenda se había entendido en forma demasiado literal.

Tras las huellas de Humboldt
Fuera del terreno de las leyendas, la sierra de Piura, que en algunas zonas se confunde con la selva, tiene una cantidad inmensa de maravillas naturales y culturales que valdría la pena estudiar, conservar y promover. Numerosos viajeros, estudiosos y exploradores, desde Cieza de León hasta Antonio Brack, pasando por Martínez Compañón, Humboldt, Raimondi, Polia y Hocquenghem, han dejado testimonios diversos de las verdaderas y numerosas riquezas de esta región. Particularmente interesantes nos parecen los apuntes, reflexiones y preguntas de Humboldt, quien visitó la sierra de Piura en 1802. Su mirada curiosa y penetrante, sus observaciones razonadas y su visión de conjunto, que refleja el final de una época en la que el arte y la ciencia aún no estaban completamente separados, pueden ayudarnos a tener una apreciación comparativa de esta sociedad y de su territorio en épocas distintas. Aquello que se pudo ver, se registró y se interpretó hace 200 años, mantiene su vigencia porque nos permite comparar permanencias y transformaciones, avances y retrocesos, entre los cuadros y las escenas de otra época y las imágenes del presente.

Fue con el propósito de enfocar en perspectiva histórica y acaso aportar algunas respuestas para resolver los problemas y las dudas actuales que confronta esa misma sociedad, que nuestro documental siguió las miradas, las voces y las huellas de Humboldt en la región. En esta ocasión nos parece pertinente proceder de la misma forma y vislumbrar las principales visiones y ficciones de desarrollo que se plantean actualmente en la Sierra de Piura, así como la transformación radical que sufriría la región en caso de continuar ejecutándose el gran proyecto minero Río Blanco, anteriormente conocido con el nombre de Coripacha, ubicado en los antiguos territorios de Chicuate y explorado sucesivamente desde 1993 hasta el presente, por las empresas mineras Newcrest, Coripacha y Majaz, esta última como operadora de las empresas internacionales Río Blanco Copper Ltd. y Monterrico Metals plc. Aunque los inversionistas del Proyecto Río Blanco declaran ahora que se trata de un yacimiento de cobre y molibdeno, parece que es el oro su principal interés.

En nuestro trabajo, no sólo habíamos tomado a Humboldt como guía por el hecho de haber recorrido los mismos lugares antes que nosotros, sino sobre todo, porque en la mirada de este sabio, que según Labastida(4) era “un científico que buscaba siempre la conexión universal de los fenómenos, la unidad en la diversidad, la ley bajo sus manifestaciones diversas”, y en el propio estilo de su obra, que según el mismo Humboldt, buscaba “revestir la ciencia de una forma literaria, ocupar la imaginación al mismo tiempo que enriquecer el dominio de la inteligencia”(5), teníamos un modelo que coincidía perfectamente con nuestra perspectiva, pues no pretendíamos que aquel documental fuera un frío inventario académico ni una producción espectacular destinada prioritariamente a los canales de televisión, tan lamentables en aquella época y aún ahora. Queríamos dirigirnos a grupos pequeños y tal vez modestos, pero con nombre propio; pensábamos por ejemplo en colegios, asociaciones culturales, clubes y municipalidades, no en públicos masivos e impersonales que esperan consumir productos estandarizados, técnicamente perfectos, pero tal vez sin alma.

Nos planteamos entonces proporcionar a esos grupos seleccionados de la población regional, un mensaje que pudiera despertar su interés y motivar su reflexión, un mensaje que debía contener información histórica valiosa y seria, con suficiente respaldo académico, pero que al mismo tiempo comprometiera la memoria, los sentimientos y las intuiciones más altas de esa población. En esa aspiración, una de nuestras referencias era precisamente la obra de Alexander von Humboldt y la calidad de su mirada.

Como se sabe, Humboldt ingresó al Perú por la Sierra de Piura el 1º de Agosto de 1802, acompañado de Aimé Bonpland y Carlos Montúfar; cruzó el río Calvas que constituye la frontera entre Perú y Ecuador y recorrió las provincias de Ayabaca y Huancabamba durante dos semanas, realizando importantes observaciones geográficas, botánicas, astronómicas y arqueológicas, pero prestando atención también a diversos aspectos de la realidad cultural, como había hecho ya en los territorios de Nueva Granada(6). Sus estudios en la Universidad de Göttingen y en la Escuela de Minas de Freiberg, en Sajonia, le permitían evaluar con precisión las riquezas minerales y su procesamiento; lo cual aplicó por ejemplo en las minas de plata de Hualgayoc (Cajamarca) y en el análisis de sus perspectivas económicas (Hampe, 1999); sus conocimientos físicos y astronómicos le permitieron ubicar el ecuador magnético; su perspicacia política lo llevó a sugerir la conveniencia de que Jaén estuviera incorporado al Perú, y en su visión humanista y acaso romántica, hubo lugar para un sincero elogio de las habilidades y costumbres del pueblo Jíbaro; pero entre todas sus observaciones, hay tres aspectos que nos interesa comentar en esta oportunidad: sus referencias sobre Ayabaca; sus comentarios acerca de las fuentes de agua en Piura, y sus conjeturas sobre una región inexplorada, rica en oro.

Ayabaca y Loja
El primer dato que nos parece importante subrayar y comparar con el presente, se refiere a la importancia que tenía la Sierra de Piura y particularmente Ayabaca, en la época en que se produce la visita de Humboldt.

Por ejemplo, al referirse a Loja, dice Montúfar, el acompañante ecuatoriano de Humboldt, que “se puede llamar más bien un pueblo grande que una ciudad. Es mui pequeña. El número de sus habitantes dicen llega a 2000. Sus gentes son sin cultura, abstraídas, sin trato”(7). En cambio, Humboldt afirma que, la Ayabaca que sus ojos observan, “está hecha para dar una idea ventajosa del Perú”(8) y menciona que se ve allí todos los oficios y el doble de habitantes que en Loja. Con breves trazos describe una sociedad laboriosa, feliz, autosuficiente y segura de sí misma. Casi podríamos decir que describe un pueblo opulento, bien adaptado a las condiciones de su espacio y de su época, a pesar de algunas carencias (“mucha nobleza en ruanas(9) y pies desnudos”). Hoy, doscientos años después, no necesitamos explicar la diferencia de trato que han recibido Ayabaca y Loja en sus respectivas repúblicas. Sólo basta con mirar las actuales ciudades y compararlas con la imagen descrita por Humboldt: Loja es ahora una ciudad próspera, limpia, ordenada y bien comunicada, con 150,000 habitantes y dos universidades; Ayabaca es un pueblo de 4,000 habitantes, adormecido en el olvido, el aislamiento y la privación de servicios elementales. Ante la actual marginación de Ayabaca por las estructuras de poder regional, podría ser interesante –aunque tal vez doloroso- preguntarnos ahora, cuáles serían los comentarios de Humboldt sobre el destino de Ayabaca, ¿estaremos equivocados si suponemos que tal vez consideraría más natural ver a esta provincia unida a Loja y al Ecuador?, ¿no le parecería extraña esta postración económica, completamente en contradicción con el valioso patrimonio cultural y natural de la Sierra de Piura?, ¿cuál sería su posición acerca de la discrepancia entre las diversas propuestas que plantean cómo aprovechar y “desarrollar” este patrimonio?

El agua y el oro de las montañas
Nuestra segunda referencia se relaciona con los grandes reservorios de riqueza natural en la región. No nos referimos al oro, sino al agua: Humboldt nos hace recordar que la zona de páramos de la sierra de Piura, donde se dividen las aguas que van al Pacífico de aquellas que se dirigen al Atlántico, es la fuente de agua dulce de toda la región piurana, con sus numerosas lagunas y sus bosques permanentemente húmedos por la neblina de sus cordilleras. Humboldt menciona los proyectos de aquella época para proporcionar agua a Piura a partir de las lagunas Huaringas y la verdadera fiesta que significa para los habitantes de la ciudad de Piura, la crecida del río después de una larga sequía(10).

Volviendo al presente, la población local y regional se encuentra ahora ante la disyuntiva de escoger entre el agua y el oro, entre la protección de sus reservas naturales de agua dulce, verdadero tesoro líquido para la economía agrícola y ganadera establecida tradicionalmente en la región, caudal de agua indispensable para mantener la rica biodiversidad de los frágiles ecosistemas locales, manantial de posibilidades para el turismo ecológico y cultural, y fuente de vida para las futuras generaciones; o cambiar completamente de rubro y elegir el camino de la explotación minera en la misma zona donde se encuentran los páramos, bosques y lagunas que constituyen el espacio sacralizado de la medicina tradicional piurana y los vestigios de la red Inca de caminos que une importantes sitios arqueológicos y centros ceremoniales (Mapa 1). Por cierto, decir que la población podrá elegir su destino, es tal vez una esperanza excesiva, porque las actuales autoridades del gobierno regional ya han dado numerosas muestras de complacencia con el proyecto minero, argumentando que este permitirá generar mayores recursos para el desarrollo regional.

Las prospecciones mineras se iniciaron una década atrás, casi al mismo tiempo en que nosotros realizamos nuestras primeras investigaciones en la zona, con otros objetivos. La Constitución Política del Perú, que prohíbe la explotación minera a una distancia de 50 Km. de la frontera, fue violada al autorizar las exploraciones durante el gobierno anterior, pero el actual gobierno ha otorgado todavía mayores facilidades a los inversionistas, emitiendo un dispositivo legal específico para este caso: el Decreto Supremo 023-2003 EM que autoriza la inversión minera dentro de 50 Km. de la frontera.

¿Es posible que las actividades mineras en esta región donde nacen las aguas, convivan con la agricultura y ganadería? La pregunta no parece habérseles ocurrido a las autoridades del gobierno central y regional, que apoyan sin reserva a la empresa minera, sin embargo esta misma pregunta ya ha sido respondida por los gobiernos locales (municipalidades) y por las comunidades campesinas que habitan la sierra de Piura: ellos han expresado su completo rechazo al avance del Proyecto Río Blanco, porque entienden que no sólo afectará a las comunidades de Yanta y Segunda Caxas (situadas en las nacientes de los ríos Quiroz, Huancabamba y Chinchipe, Mapa 2); sino que perjudicará también a las comunidades ubicadas a lo largo del mineraducto que se construirá hacia la costa para el procesamiento de minerales, el cual tendría una extensión de más de 250 Km., además de la infraestructura asociada a dicho mineraducto. Las experiencias desastrosas en otros lugares, como Cajamarca y Cerro de Pasco, han demostrado que las visiones del desarrollo que se hallan detrás de estas alternativas son incompatibles, de modo que una de ellas deberá prevalecer: el agua o el oro.

La metáfora del oro en el reino de las leyendas
Para no quedarnos en lo “puramente racional”, observemos que, al pasar por la sierra de Piura en 1802, Humboldt encuentra noticias acerca de una región desconocida, muy rica en oro, aparentemente llamada Cundirumarca y habitada por el pueblo de los Chicas, cuyo príncipe se habría entrevistado con Atahualpa. Humboldt subraya el hecho de que el nombre de esta provincia desconocida se habría dado por error a Cundinamarca, en la actual Colombia(11). Esta referencia explícita de Humboldt, que conoció la laguna Guatavita, comúnmente asociada con la leyenda de “El Dorado”, parece plantear una importante enmendadura a la posible ubicación de aquel lugar legendario, aunque se trate de un espacio simbólico. Siguiendo aquel dato, no es tan descabellada la conjetura de que entre los indígenas que proporcionaron el conocido relato "colombiano", también había pobladores de origen Guayacundo, que acaso se estaban refiriendo a la comarca mítica de Chicuate, en cuyas lagunas sagradas, su gobernante podía “bañarse en oro”. La posibilidad existe, sobre todo si pensamos en los grandes procesos migratorios producidos, especialmente en los siglos XV y XVI, a partir de los cuales, muchos mitmas ("mitimaes") Guayacundos partieron masivamente desde la sierra de Piura hacia el sur (por ejemplo a Huancavelica) y hacia el norte (Quito y Pasto). Curiosamente, Colombia es hoy el país donde más abunda el apellido "Guayacundo", que es también el nombre de un pueblo en el Cauca y de un cerro en Cundinamarca.

Pero, ya que hemos entrado a este terreno, tal vez convenga conocer un poco más sobre aquello que podía tener un valor equivalente al oro para los antiguos Guayacundos: su leyenda fundacional se refiere a una princesa emblemática llamada "Corazón del Mundo", que está dispuesta a “casarse” (es decir, a permitir el acceso a sus misterios y a su poder), pero solamente con aquel pretendiente capaz de "alcanzar corriendo" a un venado salvaje y sujetarlo sin hacerle daño. En la leyenda, un joven y humilde cazador y tejedor (Aypate), es el único que logra superar la prueba. Al asumir el poder se convierte en un gobernante ejemplar y un modelo de conducta, debido a su justicia y sabiduría. El nombre de Aypate (“el que alcanza lo más alto”), se ha conservado en el nombre de una montaña sagrada y en el principal santuario prehispánico de la región. Los Incas(12) mantuvieron su importancia ritual y establecieron aquí una capital provincial que fue abandonada después de la conquista española.

No es difícil darse cuenta que esta leyenda encierra un claro simbolismo acerca de la maestría necesaria para manejar el delicado tejido de relaciones entre naturaleza y sociedad, sin destruir sus hilos: ya sabemos que, en general, la naturaleza plantea múltiples desafíos y pruebas que las sociedades deben responder de manera organizada. Una investigación de John Earls acerca de la astronomía, agricultura y organización social en el sur andino(13), muestra que una manera de conseguir este manejo equilibrado es "alcanzando" a la naturaleza y resolviendo los problemas que ella presenta, por ejemplo diseñando formas de producción y organización adaptadas a las diversas circunstancias naturales y climáticas. Otra manera es "sujetándola” o canalizándola, para “reducirla” a las variables tecnológicas y organizativas que la sociedad maneja. Lograr esto sin "hacerle daño" a la tierra o a la naturaleza, es un reto que las sociedades contemporáneas no han conseguido resolver y es parte de todas las utopías de felicidad, abundancia y “sustentabilidad”. El mensaje “ecologista” de esta sencilla leyenda es completamente vigente, y es tal vez un indicio de la clase de “oro” con que sus gobernantes podían bañarse. Quizás ese es el “buen corazón” que se requiere para acceder a los tesoros legendarios de Chicuate.

Así, mientras la aventura minera de Río Blanco, aparentemente es vista por el actual gobierno central y por el gobierno regional como la “Ciudad de Oro” de la que esperan recibir fáciles ingresos para financiar sus proyectos, sin pensar en los riesgos ecológicos para toda la región; en cambio la población e incluso las autoridades locales están mostrando una actitud con respecto a la vida y a la naturaleza, que se parece mucho a la propuesta ética de los antiguos Guayacundos. ¿Cuál visión deberá prevalecer?, ¿Quién toma las decisiones y quién afronta las consecuencias?

Las visiones del futuro
El Proyecto Río Blanco, que se encuentra actualmente en la etapa de elaboración de los estudios de factibilidad e impacto ambiental, al mismo tiempo que avanza en la exploración y la búsqueda de inversionistas, tiene planificado construir sus instalaciones a partir del 2005, para un tiempo mínimo de vida productiva de 25 años. ¿Qué sucederá el año 2030 con las comunidades que habitan la sierra de Piura y con su patrimonio natural y cultural? Si nos guiamos por los casos históricos de Cerro de Pasco, Potosí, Hualgayoc o Talara, podemos afirmar que allí donde se ejecutaron proyectos de “desarrollo” basados en la simple extracción de recursos, la inversión en la región fue mínima y luego de una aparente bonanza temporal, las poblaciones locales fueron más pobres que antes y quedaron irremediablemente afectadas en diversos aspectos, entre los cuales se encuentran el daño ecológico y las lacras sociales que traen las actividades extractivas, en especial la minería.

Los abundantes denuncios y concesiones para actividades de exploración y explotación minera en la sierra de Piura y en toda la región, podrían ser los heraldos de una confrontación inminente entre distintas visiones del mundo y modelos contrapuestos de desarrollo. Quizás todavía sea posible alguna forma de diálogo, tal vez los grandes inversionistas del exterior y sus socios peruanos renuncien alguna vez a actuar como los dueños del mundo, quebrantando la ley y ablandando el ánimo, casi siempre débil de los gobernantes; quizás los proyectos mineros y otras actividades extractivas puedan demostrar todavía que son sostenibles y que ofrecen beneficios a la población local. Pero en este caso, hay niveles elementales de respeto que ya han sido quebrantados: no se ha consultado a la población; se ha violado las normas jurídicas y se ha dictado leyes con nombre propio, leyes contrahechas que el Estado ya ha defendido con las armas, provocando la muerte de un comunero en manos de la policía; y recientemente la detención de partidarios y opositores de la actividad minera.

En una de las representaciones gráficas de su crónica ilustrada, Guamán Poma de Ayala muestra a un conquistador comiendo de un plato, mientras que en la referencia escrita indica: “este oro comemos”. En su elocuente sencillez, este es un ejemplo, acaso excesivo, del choque entre dos visiones contrapuestas del mundo, que en muchas ocasiones no han logrado establecer un diálogo fecundo. Los distintos sistemas de valores y las distintas visiones acerca del concepto de riqueza han llenado trágicamente de violencia las páginas de la historia. Conocida es una versión de la muerte de don Pedro de Valvidia, conquistador de Chile, a quien los araucanos le habrían vaciado oro derretido en la boca para saciar su insaciable apetito de riqueza. Es de esperar que no ocurra nada parecido en la sierra de Piura, que no haya ocasión para que ni el mercurio ni el cianuro ni la sangre lleguen al río, que el río Blanco y todos los ríos y lagunas se mantengan limpios. Aunque en las circunstancias actuales, esa puede ser una esperanza demasiado ingenua, pues parece que algunos jamás podrán entender las penosas lecciones de la historia, antigua y reciente, y que siempre habrá incautos dispuestos a interpretar la leyenda de la Ciudad de Oro al pie de la letra.

Notas Explicativas
(*) Ambos autores integran el Centro Provincial Ayabaca, una organización de emigrantes de la sierra de Piura en Lima, donde coincidieron para la edición de un diagnóstico socioeconómico de la provincia en la que ambos tienen raíces familiares. Otro trabajo compartido fue la realización del documental en video “Mensajes de Piedra y Barro; Arqueología e Historia de Piura y Tumbes” (2000, Lima: Fondo Documentario de la Cultura Peruana. UNFV). Antes de iniciar sus estudios como becarios IFP, ambos eran profesores en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
(1)
Ramírez, (1966: 124-132).
(2) El nombre de la provincia (Ayabaca o Ayavaca), proviene del quechua Aya Huaca: santuario de la muerte y de la transformación de la vida.
(3) Pacha no es solo tierra o espacio, sino también tiempo, pero los autores del denuncio minero no parecen haber estado al tanto de estas sutilezas del quechua o runa simi.
(4) Labastida, (1999: 7).
(5) Humboldt (1961: 5).
(6) Las referencias escritas acerca de la exploración de Humboldt en la Sierra de Piura y el Perú se encuentran en forma dispersa en distintas publicaciones del sabio, pero principalmente en su diario de viaje. Esta información ha sido recientemente objeto de análisis desde diversas perspectivas (Hampe, 1999; Astuhuamán, 1999; Núñez y Petersen, 2002; Zevallos, 2002).
(7) Montúfar (1889:13-14).
(8) Humboldt [1802] (1991:17).
(9) Ruana: un tipo de poncho o capa en Perú y Colombia
(10) Humboldt [1802] (1991: 9-25).
(11) Humboldt (1961:316).
(12) Zevallos (1999: 45-69).
(13) Earls, 1989.

Referencias Bibliográficas
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HUMBOLDT, Alejandro (1961). Cuadros de la Naturaleza (Traducción: Javier Núñez de Prado). Barcelona: Editorial Iberia.
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NÚÑEZ, Estuardo y PETERSEN, Georg (2002). Alexander von Humboldt en el Perú. Diario de viaje y otros escritos. Lima: Banco Central de Reserva del Perú/Goethe Institut Inter Nationes. 311 p.
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Autor/a de este artículo:
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CESAR ASTUHUAMAN
Arqueólogo

Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 2

César está cursando un PhD en Arqueología en University College London hasta enero 2007.

 

RAUL ZEVALLOS
Cineasta y Antropólogo

Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 3

Raúl está estudiando un PhD en Antropología Visual en la University of Manchester hasta sept. 2007.
 
 
 
 
 
 
 
Video 1: Video de 36 segundos en formato WMV

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Video 2: Video de 27 segundos en formato WMV.

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Mapa 1: Red de caminos Inca (líneas rojas), sitios arqueológicos
(cuadrados azules) y el denuncio minero (cuadrado amarillo). Mapa adaptado del Proyecto Binacional Catamayo-Chira (2004).

(pinche la imagen para ampliarla)
 
Mapa 2: Las comunidades de Yanta, Segunda y Caxas, y la ubicación del
denuncio minero (cuadrados rojos). Fuente: Minera Majaz S.A. (2004).

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Imagen 1: El camino Inca en la Sierra de Piura, registrado el 2004.

(pinche la imagen para ampliarla)
 
Imagen 2: La ceramica Inca de Aypate, registrada el 2004.

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Imagen 3: Comuneros de Yanta, opuestos a la actividad minera.

(pinche la imagen para ampliarla)
 

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