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Enero 2005
 
Equidad y calidad en el acceso a la educación superior:
Una ecuación necesaria
Por Pamela Díaz-Romero  
   

Un extracto de esta columna fue publicada por el Diario La Nación el 27 de enero 2005. El link es: www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20050126/pags/20050126202457.html

Sobre el acceso a la educación superior en Chile
La cobertura de la educación superior ha registrado en los últimos años un importante crecimiento, pasando de 16% en 1990 a 37,5% en 2003, según la Encuesta CASEN. Si bien durante este periodo la cobertura se triplicó entre los jóvenes de hogares más pobres, subiendo desde 4,4% a 14,5% el aumento entre los jóvenes de los hogares más ricos fue mayor, pasando de 40,2% a 73,7%, ampliando en estos trece años la brecha entre ambos grupos desde 35,8% a 59,2%. Un joven del quintil más pobre tiene hoy cinco veces menos posibilidades de entrar a la universidad que otro del quintil más rico. Si creemos que la capacidad y el talento se reparten por igual entre los distintos grupos sociales, debemos asegurar un mínimo de igualdad de oportunidades en el acceso a la universidad.

Crecientemente, la admisión a las universidades tradicionales se basa en los resultados de la Prueba de Selección Universitaria (PSU). Como prueba estandarizada, se la considera una herramienta más objetiva que las notas de enseñanza media (NEM), las que no serían confiables porque en muchos casos estarían “infladas”, perjudicando a los egresados de los establecimientos más exigentes. Aparentemente, centrarse en los puntajes obtenidos en la PSU aseguraría el ingreso de los mejores alumnos. Pero esto no es así.

Para identificar a los estudiantes más talentosos, independientemente de su entorno y de la calidad de la educación que recibieron, es indispensable utilizar las NEM. Esto lo reconoce, por ejemplo, la experiencia estadounidense en Texas, donde quienes finalizan la educación media con calificaciones en el 10% superior de sus respectivos establecimientos quedan eximidos de otros exámenes de admisión. Lo mismo ocurre en California, donde se exime a los que finalizan en el 4% superior. En Europa, el ingreso a la universidad depende en rangos que varían entre el 50% y hasta el 100% del rendimiento escolar del postulante.

Iniciativas similares también han prosperado en Chile, donde primero la USACH y después la Universidad Alberto Hurtado bonifican la ponderación de las calificaciones de los postulantes con NEM en el 15% superior de su promoción. Este sistema ha permitido reducir la deserción, el tiempo de titulación y la tasa de repetición. De hecho, ya en 1992 una comisión de expertos de ocho universidades nombrada por el Consejo de Rectores validó las NEM como el antecedente de mayor capacidad predictiva entre los que conforman la batería de selección.

Opciones como las descritas aseguran la selección efectiva de los mejores alumnos y permiten al mismo tiempo mayor equidad al aislar en parte los factores de contexto sobrevalorados por la PSU que, en promedio, sitúa a los egresados de la educación pública 100 puntos por debajo de los egresados de colegios privados. Los resultados de la PSU están muy asociados al tipo de establecimiento, a la situación económica de la familia y al clima educativo del hogar, por lo que los puntajes terminan inevitablemente discriminando a jóvenes de gran talento educados en entornos poco favorables.

Más que seguir devaluando las NEM, debemos asegurar que estas permitan el ingreso de un mayor número de buenos estudiantes, contribuyendo a motivarlos al apreciar que sus esfuerzos no son estériles para acceder a la universidad. Esto beneficiará tanto a los seleccionados y sus universidades, como a los liceos y colegios donde se formaron, favoreciendo al conjunto del sistema educativo.


 
 
 
Autor/a de este artículo:
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PAMELA DIAZ-ROMERO
Directora Ejecutiva

Fundación
Fondo Internacional de Becas

 
 
 
 
 
 

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