La sección "Comentando
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el autor ni el momento en que fue escrito, hasta este momento.
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L@s autor@s de los comentarios sólo recibieron una fracción
de el, aunque la más representativa.
| Sólo
propaganda |
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Un primer paso |
| Texto de Jennie |
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Texto de Juan |
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| El Protocolo de Kioto
está lejos de ser el camino hacia el gran cambio del medio
ambiente y de las grandes potencias hacia un mundo más
limpio y mejor.
Estamos sumidos en una carrera de poder en todo
ámbito y el Protocolo de Kyoto es sólo una buena
propaganda política, con poca intención de arreglar
algo muy complejo, ya que en este Protocolo muy pocos países
salen perjudicados y la mayoría no tiene nada que perder.
Dentro de su reglamentación existe la
posibilidad de aumentar los niveles de CO2 a cambio de la plantación
forestal de monocultivos, cosa que ambientalmente hablando traería
problemas de otra índole. Además de esto, se puede
canjear cuotas de emisión de CO2 por otros gases que producen
el efecto invernadero no tomando en cuenta lo que estos cambios
significan a largo plazo y por último existe la posibilidad
de comprar o vender cuotas de emisión entre países.
Tomando en cuenta estas consideraciones y que
no se ha establecido ninguna forma de control internacional de
las emisiones nacionales considero que hay que invertir tiempo
y dinero en buscar soluciones acordes a la realidad actual que
sean sustentables en el tiempo, y que no siga la temática
de muchas políticas actuales que sacrifican a los sectores
marginados.
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Kyoto es un problema
ambiental y económico que requiere una cuidadosa compensación.
La discusión está en si las reducciones previstas
serán suficientes para paralizar el calentamiento global,
cuál es el mejor modo de alcanzarlas y si los costos estarán
compensados por el beneficio ambiental.
Evidentemente, la responsabilidad de emisiones de gases de efecto
invernadero (GEI) está desigualmente repartida. Es importante
que los mecanismos de flexibilidad previstos en Kyoto se utilicen
de forma razonable, y que los países desarrollados cumplan
su compromiso fundamentalmente con la reducción de emisiones
domésticas, más que con el recurso del comercio
de emisiones. Además la lucha contra el calentamiento global
no tiene por qué comenzar por aplicar un conjunto de medidas
que reduzcan la emisión de GEI. Considero que esta lucha
debe empezar por combatir la pobreza.
Es oportuno resaltar que Kyoto es el primer paso en firme contra
el cambio climático. Esperemos que la revolución
industrial basada en carbón, petróleo y gas del
siglo XX se traduzca en una revolución del siglo XXI basada
en energías renovables, ahorro y eficiencia energética.
Para algunos son medidas necesarias para reducir emisiones y alcanzar
un desarrollo más sostenible, pero para otros son totalmente
insuficientes. Cuidar nuestra utilización de la energía
con medidas de ahorro y eficiencia es un esfuerzo colectivo en
el que debemos colaborar como ciudadanos.
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El Protocolo de Kyoto y la revolución
industrial
por Klaus Töepfer
Director Ejecutivo - Programa de ONU para el Medio Ambiente (PNUMA)
http://www.portaldelmedioambiente.com/html/gestor_articulos/ver_articulo.asp?id=391
Si se nos pidiera describir el mundo a mediados del
siglo XXI, ¿quién imaginaría fábricas despidiendo
agentes contaminantes? ¿Quién supondría la imagen
de un auto que usara una excesiva cantidad de combustible? ¿Quién
describiría economías basadas en la sobreexplotación
de recursos naturales no renovables?
El escenario más probable (a mediados del siglo XXI) es un mundo
donde la competencia y el progreso tecnológico hayan mejorado
de manera espectacular la eficiencia industrial y promovido la producción
más limpia y la reducción al mínimo de los desperdicios.
El Protocolo de Kyoto acelerará la llegada de esta economía
mundial por medio del envío de una señal temprana a los
productores y a los consumidores, haciéndoles saber que el freno
a las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero será
recompensado financieramente.
El Protocolo no irá contra la corriente, sino que abrirá
una puerta. Pero ante todo, los formuladores de políticas de
hoy deben honestamente confrontar el conflicto entre el corto plazo,
las preocupaciones defensivas de ciertos sectores económicos
y los más amplios intereses económicos y medioambientales
de la sociedad en su conjunto.
Es cierto, habrá perdedores en el mercado, en la misma medida
en que habrá ganadores. Pero, para la humanidad en su conjunto,
beneficios económicos y tecnológicos enormes estarán
a nuestro alcance. Este panorama optimista se apoya en la vasta bibliografía
sobre tecnología y economía evaluada por el Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el que es patrocinado
en forma conjunta por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio
Ambiente (Pnuma) y la Organización Meteorológica Mundial
(OMM).
Investigadores de primera línea confirman que las políticas
gubernamentales bien diseñadas, orientadas hacia el mercado,
pueden reducir las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero
y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos. Estos beneficios
incluyen sistemas energéticos más efectivos con respecto
a sus costos, mayor innovación tecnológica, menores gastos
en subsidios inapropiados y mercados más eficientes. El corte
de las emisiones disminuirá también los daños generados
por estos costosos problemas, como los efectos de la contaminación
ambiental sobre la salud.
La participación constructiva de las empresas en el alcance de
los objetivos fijados por el Protocolo de Kyoto para las emisiones será
vital. Algunas de las primeras empresas en responder positivamente al
desafío del cambio climático han sido las aseguradoras,
que son vulnerables a los impactos provocados por el cambio climático,
y los productores de energía limpia, quienes ven oportunidades
claras en el mercado.
Pero virtualmente todos los sectores empresariales tienen su parte en
la participación activa. Afortunadamente, muchas empresas han
sido previsoras y están anticipando la necesidad de reducir emisiones,
estableciendo sus propias metas de amplitud de las emisiones al invertir
en productos, servicios y procesos productivos que no dañan el
medio ambiente.
Mientras tanto, muchos gobiernos locales han adoptado sus propias políticas
de cambio climático, a menudo con ambiciones aún mayores
que las de sus gobiernos nacionales. Las autoridades locales de las
ciudades tienen una importancia crítica, dado su papel en el
manejo de las empresas de energía, transporte público
y otras actividades productoras de emisiones en el sector público.
Otros componentes de la sociedad civil, incluyendo las escuelas, grupos
comunitarios, los medios de comunicación, las familias y los
consumidores, también desempeñan un papel crucial.
Por medio de la persuasión moral, la educación, el cambio
de hábitos y las compras e inversiones racionales, los individuos
pueden crear una diferencia real. La actividad cotidiana de la gente,
donde quiera que sea, emite gases que provocan el efecto invernadero
en su vida cotidiana, y el efecto acumulativo de pequeños cambios
en sus decisiones puede ser enorme.
El compromiso activo de vastos segmentos de la sociedad en la promoción
de las metas del PK acelerará significativamente la transición
hacia sociedades más eficientes energéticamente, tecnológicamente
innovadoras y con un medio ambiente sostenible. Las economías
industriales ya han enfrentado tales desafíos, desde el desorden
financiero y la globalización de los mercados hasta las revoluciones
tecnológicas y aun las secuelas de la guerra; cada vez, se adaptaron
y prosperaron. No hay razón para que estas sociedades innovadoras
y dinámicas no puedan enfrentar con valentía el desafío
del cambio climático del mismo modo.
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Autor/a de este
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JENNIE YAÑEZ
Bióloga Marina
Becaria Chilena
IFP AR&SC Grupo 1B
Jennie terminóen junio 2004 la Maestría Iniciación
a la Investigación en Ciencias Ambientales en la
Universidad Autónoma de Barcelona
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JUAN GAMARRA
Ingeniero Forestal
Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 3
Juan terminará su Maestría en Estudios Regionales
del Medio Ambiente y Desarrollo en la Universidad Iberoamericana
de Puebla, México, en Julio 2006. |
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