Boletín IFP
| Comentando Ideas |
Enero 2005
 
Comentando Ideas: El Protocolo de Kyoto y la revolución industrial
Por Jennie Yañez y Juan Gamarra  
   

La sección "Comentando Ideas" es un espacio para compartir ideas en torno a un texto en común, del cual l@s autor@s que comentan no conocen el autor ni el momento en que fue escrito, hasta este momento.

Al final de los comentarios se puede leer el texto base en forma íntegra. L@s autor@s de los comentarios sólo recibieron una fracción de el, aunque la más representativa.

Sólo propaganda
Un primer paso
Texto de Jennie
Texto de Juan
     

El Protocolo de Kioto está lejos de ser el camino hacia el gran cambio del medio ambiente y de las grandes potencias hacia un mundo más limpio y mejor.

Estamos sumidos en una carrera de poder en todo ámbito y el Protocolo de Kyoto es sólo una buena propaganda política, con poca intención de arreglar algo muy complejo, ya que en este Protocolo muy pocos países salen perjudicados y la mayoría no tiene nada que perder.

Dentro de su reglamentación existe la posibilidad de aumentar los niveles de CO2 a cambio de la plantación forestal de monocultivos, cosa que ambientalmente hablando traería problemas de otra índole. Además de esto, se puede canjear cuotas de emisión de CO2 por otros gases que producen el efecto invernadero no tomando en cuenta lo que estos cambios significan a largo plazo y por último existe la posibilidad de comprar o vender cuotas de emisión entre países.

Tomando en cuenta estas consideraciones y que no se ha establecido ninguna forma de control internacional de las emisiones nacionales considero que hay que invertir tiempo y dinero en buscar soluciones acordes a la realidad actual que sean sustentables en el tiempo, y que no siga la temática de muchas políticas actuales que sacrifican a los sectores marginados.

 

Kyoto es un problema ambiental y económico que requiere una cuidadosa compensación. La discusión está en si las reducciones previstas serán suficientes para paralizar el calentamiento global, cuál es el mejor modo de alcanzarlas y si los costos estarán compensados por el beneficio ambiental.

Evidentemente, la responsabilidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) está desigualmente repartida. Es importante que los mecanismos de flexibilidad previstos en Kyoto se utilicen de forma razonable, y que los países desarrollados cumplan su compromiso fundamentalmente con la reducción de emisiones domésticas, más que con el recurso del comercio de emisiones. Además la lucha contra el calentamiento global no tiene por qué comenzar por aplicar un conjunto de medidas que reduzcan la emisión de GEI. Considero que esta lucha debe empezar por combatir la pobreza.

Es oportuno resaltar que Kyoto es el primer paso en firme contra el cambio climático. Esperemos que la revolución industrial basada en carbón, petróleo y gas del siglo XX se traduzca en una revolución del siglo XXI basada en energías renovables, ahorro y eficiencia energética. Para algunos son medidas necesarias para reducir emisiones y alcanzar un desarrollo más sostenible, pero para otros son totalmente insuficientes. Cuidar nuestra utilización de la energía con medidas de ahorro y eficiencia es un esfuerzo colectivo en el que debemos colaborar como ciudadanos.

El Protocolo de Kyoto y la revolución industrial
por Klaus Töepfer
Director Ejecutivo - Programa de ONU para el Medio Ambiente (PNUMA)
http://www.portaldelmedioambiente.com/html/gestor_articulos/ver_articulo.asp?id=391

Si se nos pidiera describir el mundo a mediados del siglo XXI, ¿quién imaginaría fábricas despidiendo agentes contaminantes? ¿Quién supondría la imagen de un auto que usara una excesiva cantidad de combustible? ¿Quién describiría economías basadas en la sobreexplotación de recursos naturales no renovables?

El escenario más probable (a mediados del siglo XXI) es un mundo donde la competencia y el progreso tecnológico hayan mejorado de manera espectacular la eficiencia industrial y promovido la producción más limpia y la reducción al mínimo de los desperdicios. El Protocolo de Kyoto acelerará la llegada de esta economía mundial por medio del envío de una señal temprana a los productores y a los consumidores, haciéndoles saber que el freno a las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero será recompensado financieramente.

El Protocolo no irá contra la corriente, sino que abrirá una puerta. Pero ante todo, los formuladores de políticas de hoy deben honestamente confrontar el conflicto entre el corto plazo, las preocupaciones defensivas de ciertos sectores económicos y los más amplios intereses económicos y medioambientales de la sociedad en su conjunto.

Es cierto, habrá perdedores en el mercado, en la misma medida en que habrá ganadores. Pero, para la humanidad en su conjunto, beneficios económicos y tecnológicos enormes estarán a nuestro alcance. Este panorama optimista se apoya en la vasta bibliografía sobre tecnología y economía evaluada por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC), el que es patrocinado en forma conjunta por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Investigadores de primera línea confirman que las políticas gubernamentales bien diseñadas, orientadas hacia el mercado, pueden reducir las emisiones de gas que provocan el efecto invernadero y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos. Estos beneficios incluyen sistemas energéticos más efectivos con respecto a sus costos, mayor innovación tecnológica, menores gastos en subsidios inapropiados y mercados más eficientes. El corte de las emisiones disminuirá también los daños generados por estos costosos problemas, como los efectos de la contaminación ambiental sobre la salud.

La participación constructiva de las empresas en el alcance de los objetivos fijados por el Protocolo de Kyoto para las emisiones será vital. Algunas de las primeras empresas en responder positivamente al desafío del cambio climático han sido las aseguradoras, que son vulnerables a los impactos provocados por el cambio climático, y los productores de energía limpia, quienes ven oportunidades claras en el mercado.

Pero virtualmente todos los sectores empresariales tienen su parte en la participación activa. Afortunadamente, muchas empresas han sido previsoras y están anticipando la necesidad de reducir emisiones, estableciendo sus propias metas de amplitud de las emisiones al invertir en productos, servicios y procesos productivos que no dañan el medio ambiente.

Mientras tanto, muchos gobiernos locales han adoptado sus propias políticas de cambio climático, a menudo con ambiciones aún mayores que las de sus gobiernos nacionales. Las autoridades locales de las ciudades tienen una importancia crítica, dado su papel en el manejo de las empresas de energía, transporte público y otras actividades productoras de emisiones en el sector público. Otros componentes de la sociedad civil, incluyendo las escuelas, grupos comunitarios, los medios de comunicación, las familias y los consumidores, también desempeñan un papel crucial.

Por medio de la persuasión moral, la educación, el cambio de hábitos y las compras e inversiones racionales, los individuos pueden crear una diferencia real. La actividad cotidiana de la gente, donde quiera que sea, emite gases que provocan el efecto invernadero en su vida cotidiana, y el efecto acumulativo de pequeños cambios en sus decisiones puede ser enorme.

El compromiso activo de vastos segmentos de la sociedad en la promoción de las metas del PK acelerará significativamente la transición hacia sociedades más eficientes energéticamente, tecnológicamente innovadoras y con un medio ambiente sostenible. Las economías industriales ya han enfrentado tales desafíos, desde el desorden financiero y la globalización de los mercados hasta las revoluciones tecnológicas y aun las secuelas de la guerra; cada vez, se adaptaron y prosperaron. No hay razón para que estas sociedades innovadoras y dinámicas no puedan enfrentar con valentía el desafío del cambio climático del mismo modo.


 
 
 
Autor/a de este artículo:
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JENNIE YAÑEZ
Bióloga Marina

Becaria Chilena
IFP AR&SC Grupo 1B

Jennie terminóen junio 2004 la Maestría Iniciación a la Investigación en Ciencias Ambientales en la
Universidad Autónoma de Barcelona

 

JUAN GAMARRA
Ingeniero Forestal

Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 3

Juan terminará su Maestría en Estudios Regionales del Medio Ambiente y Desarrollo en la Universidad Iberoamericana de Puebla, México, en Julio 2006.
 
 
 

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