La sección "Comentando
Ideas" es un espacio para compartir ideas en torno a un
texto en común, del cual l@s autor@s que comentan no conocen
el autor ni el momento en que fue escrito, hasta este momento.
Al final de los comentarios se puede leer el texto base en forma íntegra.
L@s autor@s de los comentarios sólo recibieron una fracción
de el, aunque la más representativa.
| ¿Y las
barreras sociales? |
|
500 millones |
| Texto de Madezha |
|
Texto de Cristóbal |
| |
|
|
| La discapacidad como
experiencia humana ha existido, existe y seguirá existiendo.
Y aunque ninguna persona puede garantizar que
está lo suficientemente lejos de esta experiencia como
para asegurar que nunca va a vivirla, muchas quisieran poder tener
cierta conección con lo divino que les diese esa tranquilidad.
Desde mi experiencia como persona ciega puedo
decirles que ir por el mundo sin verlo no es ninguna tragedia
ni nada parecido.
Lo que es más difícil de afrontar
y superar son las actitudes de rechazo, de temor, de indiferencia,
de sobre protección o la pura admiración, que nos
impiden en muchos casos o nos retrazan el momento de alcanzar
una identidad satisfactoria con la situación que nos ha
tocado vivir.
Se hace más complicado poder identificarse
como una persona con discapacidad en tanto que esta experiencia
es representada en las mentes de gran parte de la sociedad como
una situación vergonzosa, triste... como un total padecimiento.
Recién cuando las personas con discapacidad
llegamos a comprender que nuestros verdaderos problemas están
en las barreras sociales y no en nuestra experiencia humana diferente,
estamos más cerca de alcanzar una identidad positiva con
nuestra situación e incluso sentir orgullo en tanto que
nos convirtamos en defensoras activas de nuestros derechos y de
poder ocupar con dignidad y satisfacción el lugar que tenemos
en la vida.
Por su parte, a la sociedad le queda el compromiso
y la tarea de eliminar las barreras para que en ella sea posible
vivir una cultura de la inclusión en la que el respeto
por la diferencia sea por sobre todo un valor.
|
|
La Declaración
Universal de Derechos Humanos establece que "todos los seres
humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos", y
que "toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados
sin distinción alguna de raza, color, idioma, religión,
opinión política, origen nacional o social, posición
económica, nacimiento o cualquier otra distinción".
A pesar del reconocimiento y aceptación de esta declaración,
estos principios regidores no se han aplicado a 500 millones de
personas con discapacidad. Si bien en la gran mayoría de
los países ha habido grandes avances en materia de legislación
hacia estas personas, los derechos alcanzados por este colectivo
de personas no se han llevado a la práctica, o se han aplicado
mínimamente, por lo que el proceso de alcanzar la igualdad
se ha estado desarrollan-do sin derechos activos.
Los derechos que poseen las personas con discapacidad por ser
miembros de una sociedad organizada, deberían provocar
la inclusión social en “todos los ámbitos
de la actividad humana”, hecho que actualmente no ocurre
y si se encuentran casos, éstos no logran serlo en plenitud
por ejemplo debido a bajas remuneraciones y contratos que no contemplan
derechos de seguridad social. En la educación es común
encontrar a estudiantes con discapacidad aparentemente haciendo
uso de sus derechos en las aulas de clase, pero esto no sucede
dado que el acceso al sistema educativo es restringido, está
supeditado a la “buena voluntad” de los establecimientos,
además que no cuenta con metodologías, personal
idóneo e infraestructura adecuada.
Sin la participación activa de las personas con discapacidad
en todos los ámbitos de acción de nuestras sociedades,
la búsqueda de la igualdad seguirá siendo un esfuerzo
sin demasiados resultados si no contamos con legislaciones potentes
y aplicadas en la práctica diaria.
|
La discapacidad en la literatura
por Consuelo Taurá Reverter
Profesora de la Escuela Universitaria de Magisterio de Oviedo
http://www.educastur.princast.es/cpr/oviedo/abareque/opinion1.htm
En una buena parte de la producción literaria
en la que se aborda una característica de la condición
humana como es la discapacidad, suele encontrarse el mismo tipo de contradicciones
que percibimos y sentimos cuando, de manera habitual o fortuita, nos
relacionamos con aquellas personas cuyas diferencias se deben a las
consecuencias socioculturales que se generan de un déficit sensorial,
motriz, psíquico y o mental. Estas contradicciones son de orden
ideológico y contribuyen, en cierta medida, a construir una identidad
ambigua de la discapacidad, tanto desde el mundo real como desde el
mundo ficticio de la literatura.
Las creencias dominantes que se han mantenido en nuestro entorno cultural,
sobre las personas con discapacidad, han sido aquellas en las que el
déficit se ha enfatizado subrayando las carencias, lo que les
"falta". Este modo de concebir la discapacidad lleva parejo
un elenco de actitudes ambivalentes que van desde el rechazo y el aislamiento
y, en el otro extremo, a la protección y provisión de
unos medios especiales, siendo el punto común que comparten ambas
actitudes la valoración negativa de las diferencias.
En la literatura, estas creencias y actitudes se encuentran dramatizadas
en diferentes personajes y, debido a la mayor consistencia que adquieren
mediante la palabra escrita u oral y la imagen, han llegado a crear
verdaderos arquetipos formando parte del imaginario de nuestra sociedad.
Así, nos encontramos con que las distintas discapacidades han
sido representadas unas veces por personas que simbolizan la maldad,
el horror, la fealdad o, contrariamente, la bondad, la nobleza, y la
belleza espiritual, provocando el rechazo y la burla, o bien, la sobreprotección
y la piedad o un rancio sentimentalismo. Este modo de acercarnos a la
discapacidad, desde la literatura, refuerza los prejuicios que tenemos
sobre las diferencias y entorpece el que podamos ampliar lo que acostumbramos
a entender por normalidad.
Un artículo del escritor Vargas Llosa, publicado recientemente
en un periódico nacional, puede servir de ejemplo o reflexión
sobre el modo en que solemos percibir y describir la discapacidad. En
este artículo se disculpaba ante las personas tartamudas que
se habían sentido ofendidas por haber utilizado, en una conferencia,
una metáfora en la que hacia referencia a sus anomalías
en la capacidad expresiva. La metáfora en cuestión era
esta: " Una humanidad sin novelas, no contaminada de literatura,
se parecería mucho a una comunidad de tartamudos y afásicos,
aquejada de tremendos problemas de comunicación debido a lo basto
y rudimentario de su lenguaje". No cabe duda alguna que estas personas
debieron sentirse más que ofendidas al verse calificadas exclusivamente
por las características de su habla y de manera tan peyorativa;
e incluso erróneamente, pues sin negar las dificultades que tienen
para emplear con fluidez el habla, ni mucho menos su lenguaje, por su
disfunción expresiva, es "basto y rudimentario" y si
lo fuera sería otra la razón. Además, las personas
tartamudas no forman una "comunidad" y, en el supuesto que
así fuera, muy posiblemente no tendrían "tremendos
problemas de comunicación" porque crearían los instrumentos
culturales más adecuados a sus particularidades para lograr una
buena comunicación, como ocurre con la comunidad sorda que ha
creado la Lengua signada.
Es cierto que estamos viviendo un tiempo en el que la solidaridad y
el respeto hacia las personas diferentes, así como el reconocimiento
de sus derechos son valores que están presentes en las políticas
educativas y sociales, por lo que es de esperar se produzcan algunos
cambios en la ideología acerca de la discapacidad. Estos cambios,
aunque lentos, se están dando en nuestra vida cotidiana y en
la literatura desde una nueva sensibilidad: tratar y representar la
discapacidad teniendo en cuenta los contextos culturales en los que
vive la persona discapacitada. La discapacidad, percibida desde ese
ángulo, pasa a ser una cuestión social que nos incumbe
a todos.
Actualmente, en la literatura, la discapacidad está muy presente
y a veces da la impresión de que la razón es porque "vende";
el cine es un ejemplo. Sin embargo su presencia es importante, si las
historias en las que se narran cómo son y viven las personas
sordas, ciegas, paralíticos cerebrales, deficientes mentales,
autistas, y otras disfunciones o enfermedades que conllevan una discapacidad,
son contadas teniendo en cuenta cómo estas personas compensan
las singularidades de su personalidad y el modo de estar en el mundo
es considerado, no como una desviación de la "norma"
sino como una manera diferente tan válida como aquella perteneciente
a la " norma" aunque ésta sea más general. Es
esta concepción de la discapacidad la que puede tener el poder
que se le otorga a la literatura de provocar cambios en nuestro imaginario.
Pero desde esta perspectiva no hay tanta literatura que trate la discapacidad
y es que, tal vez, el escritor debería de salir de su mundo y
documentarse sobre la discapacidad para que la dosis de ficción,
creatividad, imaginación y utopía que pone en la historia
no reproduzca los estereotipos ambivalentes que se tienen sobre estas
personas.
De entre algunas fuentes documentales que contienen las herramientas
imprescindibles para hacer esta literatura sobre la discapacidad, una
de ellas es la que puede encontrarse en las obras de Oliver Sacks. Neurólogo
y "contador de historias" como él se define, es en
sus neurorrelatos, en los que cuenta historias apasionantes de sus pacientes,
donde encontramos que la discapacidad es considerada como una diferencia
en sentido positivo: "se trata de lanzar una mirada hacia lo humano,
no hacia lo inhumano". Efectivamente, para hablar de las personas
que padecen un déficit, no se limita a hacer una descripción
clínica sino que tiene en cuenta las condiciones en las que viven
para comprender cómo son estas personas y de los recursos disponibles
con los que han construido una personalidad singular.
Para conocer la singularidad de algunas de estas personas, Sacks estudió
su cultura desde un enfoque multidisciplinar riguroso y visitó
algunas de estas comunidades, como en el caso de las personas sordas
y el de cierta forma de ceguera, la acromatópsia ; en los casos
en los que las personas no forman una comunidad nos relata la historia
de cada caso, como el de la doctora Temple Grandin, autista, o el de
Jimmi G., amnésico, entre otros. Además, es importante
señalar que cada uno de estos relatos está impregnado
de una filosofía humanista y vitalista cuya lectura nos hace
percibir y sentir la diversidad de la condición humana como menos
"diferente" o, como lo expresa Sacks al referirse a lo que
le aportó el contacto con el mundo de los sordos : "...me
hizo considerar extraño lo familiar y familiar lo extraño".
Sentimiento éste que nos recuerda que cuanto más conocemos
lo diferente más llegamos a conocernos.
La literatura de Oliver Sacks pertenece a aquella literatura en la que,
desde personajes aparentemente tan diferentes de nosotros, la lectura
de sus historias nos desvela nuestras discapacidades y nos permite reconocer
que son más las semejanzas que las diferencias lo que compartimos
como seres humanos. Es esta filosofía la que tendría que
incorporarse en la literatura sobre la discapacidad. Un buen ejemplo
de ello son los dos autores de las citas con las que he introducido
esta breve reflexión.
|
|
_
|
Usted está viendo un artículo de la Edición Nº10.
::.
Volver al índice
::.
Ir al artículo anterior
::. Ir al artículo siguiente _ |
| |
| |
| |
Autor/a de este
artículo:
_ |

MADEZHA CEPEDA
Profesora
Becaria Peruana
IFP AR&SC Grupo 1A
Madezha estudió la Maestría en
Integración de personas con discapacidad en la Universidad
de Salamanca.
|
| |
CRISTOBAL SEPULVEDA
Asistente Social
Becario Chileno
IFP AR&SC Grupo 4
Cristóbal está terminando su apresto pre académico
antes de seguir una Maestría en Gestión y Políticas
Públicas. |
| |
|
| |
|
_
|
Otros artículos del área de COMENTANDO IDEAS:
"Desarrollo
y democracia...", de Boutros Boutros-Ghali
"
Biología del Conocimiento", de Humberto Maturana
"El
nuevo ídolo… ", de Friedrich Nietzsche
"Teconologías
de información y educación...", de Martín
Hopenhayn
"Cultura
andina, etnicidad y ciudadanía", de Carlos Iván
Degregori
"Ironías
globalifóbicas", de Barun Mitra
"Volver
a los 17", de Violeta Parra
"Considerando
en frío...", de César Vallejo
"El
arte de la violencia, la violencia del arte", de Alonso Cueto
"Defendamos
nuestra diversidad", de Juan Álvarez
"Derechos
de la mujer", de Marianne Mollmann
"Ciencia
Estrambótica", de Nora Bär"
_ |
| |
|