La pregunta del título viene a propósito
de la justificación que dio el padre de Antauro Humala, mayor
retirado del ejército, ante las cámaras de televisión
y los medios radiales, al día siguiente que éste fuera
trasladado detenido a Lima después de la asonada que protagonizó
en Andahuaylas, en el departamento andino de Apurimac, Perú,
los primeros días del año 2005. El padre de Antauro Humala
dijo en ese momento sentirse orgulloso de las acciones de su hijo, a
pesar de la muerte de 6 personas en la revuelta, y justificó
estos hechos sentenciando que la violencia es la partera de la historia.
La madre de Antauro dijo también ante la prensa que esperaba
con resignación el cadáver de su hijo cuando se inició
la toma del local policial el primero de Enero de 2005.
Se ha escrito mucho en la prensa nacional sobre este acontecimiento
violento, hay también un artículo de Vargas Llosa sobre
este tema de circulación internacional(1)
y es evidente que en la prensa internacional ha impactado la toma armada
del local policial con la violencia desplegada en la ciudad donde ocurrió.
Los amigos mexicanos lo primero que me preguntaron al verme llegar desde
el Perú la segunda semana de enero fue si corrí peligro
en este evento armado del tal Humala. Lo que quiero analizar en este
artículo es la justificación, explícita e implícita
por parte de la prensa, los políticos y la gente común,
de la violencia como medio para cambiar la realidad angustiante del
país.
La historia Peruana
Después de los 15 años de violencia ocurridos en el Perú,
con las secuelas dañinas de una década del gobierno dictatorial
y corrupto de Fujimori, ante la magnitud de los actos de corrupción
impunes de los gobernantes, ante la impunidad del que gozan congresistas
delincuentes, ante los altos sueldos realmente insultantes de estos
congresistas que se protegen mutuamente cuando cometen delitos, en las
familias comunes y en la calle se suele escuchar que está bien
que Antauro se haya levantado en armas para barrer a la clase política
que se percibe como la causa de las desgracias del Perú. Por
este lado, hay una peligrosísima cercanía para convertir
las revueltas contra los políticos como algo natural. Lo curioso
del caso, es que los mismos políticos fomentan y justifican estas
revueltas pues son el medio más fácil para llegar al poder
a río revuelto. Usar la democracia para llegar al poder cada
cinco años es costoso y demora mucho y es más expeditivo
sacar presidentes con revueltas como se hizo en Bolivia recientemente.
Lo preocupante también es que partidos políticos y gobernantes
de ahora y de antes condenan la violencia de esta asonada, pero todos
estos partidos políticos o “movimientos independientes”
como el de Fujimori tienen como fundamento el uso de la violencia o
la han ejercido en nombre de la defensa de la legalidad o del llamado
orden constitucional no solamente para combatir a los alzados en armas
sino para asesinar a inocentes campesinos, trabajadores y estudiantes
bajo la sospecha de pertenecer a la subversión. Cuando la Comisión
de la Verdad recogió testimonios y pruebas de la muerte de más
de 60,000 personas en la década de los ochentas, mayormente hablantes
de lenguas indígenas, muchos de estos partidos han querido silenciar
estas revelaciones y han dicho que los responsables son los de sendero
luminoso por haber iniciado la guerra y es natural que en la guerra
mueran inocentes, tratando de tapar los crímenes cometidos por
las fuerzas del orden. Para estos partidos políticos y para los
militares la guerra es natural que ocurra y para eso se preparan los
militares. Para muchos pobladores también parecía inútil
y macabro recordar y explicitar la barbarie ocurrida.
Lo más inquietante es que los medios de comunicación de
mediana seriedad y relativa independencia, porque los periódicos
y programas televisivos de escándalos sólo usan como pan
caliente este tipo de asonadas, también justifican de manera
subliminal esta violenta asonada y más bien pareciera que pidieran
un “verdadero” rebelde que mate mas gente y muera en la
acción que ha iniciado. No sugiere otra interpretación
el editorial de Caretas, un semanario de cierta credibilidad y alta
circulación cuando dice:
“TODOS analizan el episodio de Andahuaylas como un hecho aislado.
Para CARETAS, su solución singularmente positiva sólo
vuelve a evidenciar ciertas curiosas características nacionales.
En primer lugar, demuestra que Dios es peruano. Antauro Humala resultó
ser un inestable fanfarrón con rasgos penosamente cobardes, y
se entregó mas rápido de lo que canta un verdadero gallo.
Traicionó así a sus "tropas" y éstas,
sin convicciones reales, se rindieron también. Otra habría
sido la situación si Humala hubiera mostrado la tozudez de Néstor
Cerpa y su banda de emerretistas en la embajada del Japón. De
no ser por las trágicas muertes y lesiones inferidas, el asunto
no habría pasado de una comedia punible”(2).
Lo más penoso del asunto es que algunos políticos y la
prensa que extraña a Fujimori, con tal de desprestigiar al régimen
del presidente Toledo, no dudaron en aplaudir y felicitar a Humala para
seguir aumentando las condiciones que logren la vacancia de la presidencia
a fin de que se implanten regímenes complacientes con todos los
delincuentes de la década pasada entre los que se cuentan generales,
gerentes, jueces, periodistas, artistas.
La prensa no comentó ni hizo mayor difusión de comunicados
de organizaciones que condenaron esta asonada de Humala y en cambio
publicaron profusamente las marchas de apoyo de reservistas en otros
departamentos del país(3).
Un intelectual peruano presentó hace algún tiempo una
pregunta inquietante de los orígenes de la violencia entre los
peruanos a raíz de los datos escalofriantes de la Comisión
de la Verdad sobre la violencia de los ochentas:
“Los crímenes cometidos por Sendero Luminoso y las Fuerzas
Armadas manifiestan toda una serie de tensiones y odios que van más
allá de los involucrados en el conflicto armado. Los senderistas
lograron transformar en odio todo el desprecio y maltrato sufrido por
siglos por los campesinos andinos. Canalizaron el rencor hacia la intolerancia
y así, convencían a sus integrantes que, quienes pensaban
de manera diferente, simplemente no merecían vivir. Por su parte,
los soldados y policías que actuaron como un sanguinario ejército
de ocupación, habían crecido con esos sentimientos de
desprecio hacia los campesinos, percibiéndolos como seres ignorantes
y peligrosos, responsables del atraso del Perú. Su vida, sus
derechos, su dignidad eran simplemente inexistentes. Y por eso podían
quemar vivos a niños y bebés. Una pregunta, algo perturbadora,
es hasta qué punto nosotros no seguimos cerca de esas pulsiones
tanáticas. ¿No ha sentido usted algo parecido al odio
al pensar en los sueldos de los congresistas y otros funcionarios públicos?
¿No siente indignación cuando se parece gobernar para
quienes tienen más dinero o más poder?”(4).
Es un avance reconocer que los impulsos primarios de la violencia están
en nosotros y talvez es cierto que muchas veces hemos convertido en
odio la impotencia que sentimos cuando vemos que gerentes responsables
de negocios ilícitos comprobados con los jefes de la mafia corrupta
de la década fujimorista salen libres del país con la
complicidad de jueces, policías y gobernantes, quienes precisamente
tienen la misión de hacer respetar las leyes. Pueden estar presentes
estos impulsos primarios pero las sociedades y las comunidades hemos
creado valores para hacer respetar los acuerdos sociales y hemos creado
las instancias para castigar a los transgresores. Cuando estas instancias
solo castigan a los que no tienen posibilidades de pagar la defensa,
a los que no tienen recursos para sobornar a los funcionarios y a los
que no tienen nexos en el sistema de justicia, en la policía
y en los gobernantes, entonces los impulsos primarios se pueden dirigir
a la destrucción del sistema político, policial, judicial
y parlamentario cuando se siguen viendo las corrupciones de siempre,
el saqueo legalizado y la impunidad de algunos privilegiados. Lo lamentable
de todo este espiral de violencia así desatado afecta a inocentes
y deje impunes y más empoderados a los que controlan el sistema
estatal de gobierno, justicia y fuerzas del orden.
Si a este impuso primario agregamos el papel de la prensa en felicitar
o justificar una revuelta como la de Humala, la formación institucionalizada
para la guerra por parte de las fuerzas armadas, la justificación
de la violencia para conseguir los derechos, la justificación
de la violencia para cambiar la condenable desigualdad y las discriminaciones
seculares de nuestro país, entonces tenemos todo el escenario
para que la violencia se despliegue en forma indiscriminada afectando
a los inocentes que no queremos la violencia como solución teórica
o práctica para resolver nuestros problemas sociales.
Por si fuera poco, las fuerza armadas y sendero luminoso defienden con
orgullo su papel jugado en la guerra interna y lamentan a su turno los
60, 000 muertos que fueron “necesarios” por que el origen
de la guerra no es de su responsabilidad. Aterra leer las justificaciones
de las fuerzas armadas y es natural que sendero glorifique sus actos
llamando combatientes a los que fueron obligados por la fuerza, el chantaje
y la desinformación a tomar un arma y hacer explotar dinamitas
en locales públicos y privados. Leamos la sangre fría
de un defensor de sendero publicado en El Diario Internacional, accesible
por internet:
“En Perú aparecen indicios de una lucha indígena
con otras máscaras del mismo modo como ocurrió desde hace
más de 20 años con Sendero Luminoso, quien los convocó
a la guerra y ellos participaron. No es cierto que quedaron atrapados
entre dos fuegos, como sostiene el Estado y la intelectualidad de izquierda,
aunque algunos sí. Muchos fueron combatientes y las Fuerzas Armadas
obligaron a un significativo sector al enfrentamiento de masas contra
masas. Otro problema es que esta organización no haya trascendido
la formación política clásica y que no se haya
remitido a la sabiduría de los pueblos originarios para el desarrollo
de la conciencia y la formación de intelectuales”(5).
Conclusiones
En medio de este clima de glorificación
y justificación de la violencia, explícita e implícita,
¿podemos afirmar que la violencia es inherente a los peruanos
por los hechos hasta ahora ocurridos? Desde la misma sentencia que dice
“la violencia es la partera de la historia”, desde el discurso
de los instigadores de la violencia que dicen “solo con la lucha
se consiguen el respeto a los derechos”, desde las numerosos marchas
y protestas en la calle (enteramente justificadas por cierto) con el
puño en alto o con varas de hierro como el caso de los trabajadores
de construcción civil, desde muchos puntos de la sociedad llegan
estos mensajes en pro de la violencia y naturalmente que nosotros hemos
sido formados en esta “corriente”. Si cuestionamos esta
espiral de violencia, sea cual sea su origen, somos catalogados de “pacifistas”
y cómplices de la explotación de la masas por parte de
una pequeña capa que justamente usa la violencia para continuar
con el control de las principales fuerzas productivas y económicas
del país.
La violencia puede ser un impulso primario de los seres humanos,
pero hemos construido el ejercicio de la violencia en una institución
justificada. Se dice que hay guerras justas y guerras injustas, y, en
ese mismo sentido hay violencias justas. No podemos aceptar el ejercicio
de la violencia en forma teórica o de hecho, justificada o no,
injusta o no. La violencia solo sirve para la eliminación ciega
del otro o de los otros, generalmente inocentes. La violencia es una
respuesta sin razonamiento. La violencia es la incapacidad de entender
y de respetar al otro o los otros. Desde el momento que alguien justifica
el uso de la violencia para justificar su propia existencia, estamos
aceptando el uso de la violencia. No creo que la violencia sea inherente
a la vida social de los seres humanos. Si fuimos capaces de hacer sociedades
podemos construir nuevas relaciones sin el uso de la violencia. Si hay
muchísimas cosas que han cambiado sin violencia, podemos entonces
hacer cambios sabios sin violencia.
Notas
Explicativas
(1)
Vargas Llosa, Mario. “Payasada con sangre”,
Piedra de Toque. En: Reforma, México DF., domingo 9 de enero
de 2005, pag 21A.
(2)
Editorial de Caretas N° 1856 del 13 de enero
de 2005.
(3)
En Actualidad Indígena, Año 2 N°
06, 08 de enero de 2005, www.servindi.org , por ejemplo
se publicó el rechazo de dirigentes amazónicos y andinos
a todo acto violento. Ellos señalaron que “en el pasado
hemos sufrido sus terribles consecuencias y tenemos una propuesta política
propia distinta para resolver nuestros problemas”.
(4)
Ardito Vega, Wilfredo. ¿Es inherente a
los peruanos la violencia? En: Ideelepolitica N° 41, 2 de julio
de 2004.
(5)
Lora Cam, Jorge. Las rebeliones étnico-clasistas.
II Cumbre Continental de los pueblos y nacionalidades indígenas
de Abya Yala. En: www.eldiariointernacional.com.
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