| Boletín IFP | Derechos Humanos | |
Mayo 2005 |
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| Informe Valech: 31 años de silencio | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Por Alejandra Flores | ||||||||||||||||||||||||||||||
| * Dedico esta pequeña reflexión a Marisol Vera Linares, quien fuera compañera de estudios de la Carrera de Pedagogía en Castellano de la Universidad de Tarapacá y a Salvador Cautivo, pintor de murales de esperanza en la ciudad de Arica. Balas asesinas de la dictadura militar terminaron con sus jóvenes vidas. - Alejandra Flores, Víctima Nº 8626 en el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. El domingo 28 de noviembre de 2004, el presidente Ricardo Lagos se dirigió al país, en un mensaje pregrabado, para dar a conocer oficialmente los resultados de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura. Habían pasado 31 años desde el golpe militar de 1973 y recién en nuestro país, se reconoció que la tortura y la prisión política fueron prácticas cotidianas ejercidas durante el régimen militar de Pinochet. De quienes dieron testimonios, (hay que reconocer que muchos, por diferentes razones no lo hicieron) se reconoció un universo de 28 mil personas que sufrieron prisión política. Se reconoce en este Informe más de mil centros de detención y tortura. En ellos más del 90% de las personas fueron salvajemente torturadas. Muchas fueron sometidas a simulacros de fusilamiento, golpes, aplicación de electricidad, asfixias, agresiones sexuales, violaciones, colgamientos, otros fueron obligados a presenciar las torturas de parientes y amigos. Entre las mujeres, algunas fueron violadas por perros, otras quedaron embarazadas de sus torturadores ¿se puede llamar de otra manera a la tortura, sino salvaje? La pregunta que nos hacemos muchos es cómo algunas personas, padres de familia algunos, pudieron cometer estas tropelías en contra de otros de su misma condición sólo por pensar diferente. ¿Qué pasó en esas mentes que abusaban de personas en total indefensión? Son preguntas que quedarán sin respuesta, pues el Informe Valech no perseguía castigar a los culpables y torturadores, sino solamente dar a conocer la verdad. Una verdad que estuvo oculta durante 31 años, que caminaba junto a nosotros, pero muchos no la vieron y ahora que es “oficial” muchos rasgan vestiduras. Unos dicen que nunca supieron, otros que “algo” habían escuchado, otros confirmaron lo que siempre habían denunciado, lo que sí es comprobable es que después del Informe Valech el país entero no fue el mismo. Por una parte, los afectados, volvieron a recordar, (ya lo habían hecho al relatar su testimonio a la Comisión) su traumático paso por los centros de tortura, que en muchos casos truncó sus vidas, pero también vivenciaron, que por fin, la sociedad reconoce a través de este Informe que todo lo que sufrieron en los centros de detención y tortura fueron hechos condenables que nunca debieron ocurrir. Por otro lado, algunos ex militares y personas vinculadas a la derecha chilena, se permitieron dudar de la veracidad de este Informe. Otros hicieron un mea culpa. Pero la verdad está ahí, interpelándonos “Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo” como se indica en la reflexión hecha por el Presidente Lagos. Para quienes fuimos víctimas, eso no basta. Si hubo torturadores, debiera haber justicia, de otra manera la enseñanza que queda es: puedes atropellar, agredir y torturar, al cabo de más de 30 años todo será olvidado. Una de las acciones para que efectivamente no se vuelvan a repetir las atrocidades consignadas en el Informe Valech, es que éste se convierta en texto oficial de estudio para ser utilizado en las escuelas, centros de formación y universidades chilenas. Pues esta verdad tiene que ser conocida, analizada, reflexionada y condenada por todos, en el presente y en el futuro. Así podríamos avanzar efectivamente en la construcción de una sociedad más democrática y tolerante, pues no se construye futuro con olvido, sino con plena conciencia de los errores y horrores pasados, de manera que éstos no se repitan una vez más. |
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Boletín IFP__:::__Documentos para una mayor Justicia Social |
Año 3, Número 11 |
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