Boletín IFP
| Discapacidad |
Mayo 2005
 
Necesidades educativas fundamentales en el proceso de formación de las personas con discapacidad
Por Madezha Cepeda  
   

Tomando como base las experiencias de las personas con discapacidad, vamos a hacer el intento de precisar algunas de las necesidades que tenemos en relación a nuestro proceso de educación.

En primer lugar, tenemos la necesidad de Desarrollar una identidad como personas con discapacidad
Para entender con mejor precisión el por qué de esta necesidad que es fundamental, veamos el ejemplo concreto de Sofía.

Sofía tiene 27 años. Tuvo una lesión medular a los seis años y es usuaria de silla de ruedas. Ha estudiado administración de empresas. Nada ha sido fácil para ella. Durante sus estudios superiores asistió a una universidad físicamente inaccesible por lo que tenía que ser cargada hasta el cuarto piso para algunas clases. Las autoridades de la facultad no se creían en la obligación de tomar medidas para que sus clases fueran en el primer piso. Sin embargo, eso no importaba. A ella le enseñaron que tenía que aceptar las pocas oportunidades que la vida le daría.

Ha tenido que ir diariamente a la universidad durante sus cinco años de estudio, recorriendo treinta cuadras de ida y treinta cuadras de vuelta porque no hay transporte público para usuarias de sillas de ruedas. Eso no importaba. A ella le enseñaron que tenía que esforzarse al máximo para estar igual que los demás.

No ha tenido pareja. Nunca un chico la ha invitado a salir y ella tampoco se ha atrevido a hacer un tipo de propuesta así. Tampoco importaba. A ella la sociedad le ha enrostrado siempre que no es bueno que se ilusione con el amor.

Sofía también ha soportado las constantes miradas impertinentes de la gente, los comentarios de lástima, la sobreprotección, el trato infantil que le dan. De igual modo, eso no importaba. A ella le enseñaron a entender las actitudes de los demás.

La gente dice que Sofía ha conseguido ya muchas cosas en la vida, que es un ejemplo a seguir, que ha superado sus dificultades. Pero Sofía no se siente bien consigo misma. Siente una mezcla de reconocimiento y, al mismo tiempo, rechazo en su medio. Siente que no calza en ninguna parte. Pero calla, no sabe qué decir.

Un día, después de tres años de búsqueda inútil de empleo, el gerente de una compañía importante le devolvió su currículo apenas ingresa a la oficina. Le dice que lo siente, pero necesitan una administradora independiente y no una persona postrada en una silla de ruedas.
No es la primera vez que Sofía escucha esto, pero siente una explosión dentro de sí. ¿Postrada? ¿Qué quiere decir con postrada? ¿Cómo cree que he llegado hasta aquí si estoy postrada? Y agrega, "mi silla es como su automóvil para usted. Es mi medio de transporte. Me sirve para movilizarme. ¿Debo pensar que usted es una persona postrada porque ahora no está usando su carro? Estoy harta de escuchar sandeces como esta. Diga mejor que se siente incapaz de trabajar con alguien que tiene mi apariencia física. Yo soy una persona con discapacidad, pero no vengo por esa razón a solicitar empleo; sino porque soy quizás la persona más competente de todas las que están postulando. Y exijo que me mire como a una profesional... como a una profesional que, además, usa una silla de ruedas". El gerente de la empresa le pidió disculpas, la entrevistó, la tuvo a prueba durante un mes y la contrató.

A partir de esta experiencia, Sofía empezó a cambiar su forma de estar en el mundo y de relacionarse con las demás personas. Decidió descubrirse a sí misma y hacer las cosas a su modo. Para empezar, decidió hacer una maestría en su misma universidad, pero esta vez exigió y consiguió accesibilidad y respeto por sus derechos. Por otro lado, comenzó a sentirse hermosa y confiada. Se enamoró de un compañero de la maestría y se casó luego con él. Ahora enfrenta asertivamente comentarios, miradas y actitudes que atentan contra su dignidad.

Finalmente, Sofía se ha integrado a una organización de mujeres con discapacidad y desarrolla talleres sobre ser mujer discapacitada, afectividad y sexualidad. Así como Sofía, si las personas con discapacidad logramos desarrollar y fortalecer nuestra identidad, vamos a sentirnos bien con este tipo de experiencia humana que nos ha tocado vivir. Vamos a asumir nuestra vida como valiosa y digna de ser vivida y esta forma de sentirnos a gusto con nosotras mismas nos va a dar la firmeza y el empuje para superar los obstáculos y consolidar nuestras metas personales. Pero sobre todo, tendremos el convencimiento y la autoridad, como parte del colectivo de personas que viven esta experiencia, de buscar que nuestros derechos se cumplan y que la sociedad nos mire y nos valore así como nosotras nos valoramos.

Por eso, requerimos que tanto al interior de las familias, en la escuela, así como en todas las relaciones en las que nos involucramos cotidianamente ya sea en forma personal como, por ejemplo, con los medios de comunicación, encontremos aquellos soportes que son indispensables para el desarrollo de esta identidad de la que estamos hablando.

Con mayor frecuencia ocurre que quienes hemos logrado identificarnos positivamente con nuestra condición de discapacidad lo hemos conseguido como producto de determinadas circunstancias, así como en el caso de Sofía, quien consigue reconocerse, empoderarse y transformar su relación con el mundo.

Es decir, a partir de una circunstancia, se empiezan a activar todos los componentes que son fundamentales para el desarrollo de la identidad: reconocimiento de nuestra diferencia, valoración de uno mismo, sentimiento de pertenencia, sentido de autoridad y autoimpulso. La identidad que algunas personas con discapacidad empiezan a desarrollar, generalmente, en etapas avanzadas de sus vidas como fruto de la casualidad; debería ser parte de un proceso intencionado y estimulado por quienes son figuras importantes durante nuestra infancia y nuestra adolescencia. Tener una identidad nos hace sentir que tenemos un lugar en el mundo, que pertenecemos a un colectivo o a varios, que somos valiosos y que tenemos mucho que dar y hacer.

Son muchas las personas con discapacidad que rechazan su condición, la niegan, o tratan de olvidar que la viven o la subliman. Esto se debe a que recibimos mensajes que nos hacen sentir y pensar que tener la condición de discapacidad es motivo de sufrimiento o vergüenza. En la mayoría de casos se nos induce a aparentar y dar la impresión que no tenemos discapacidad. O se nos impulsa a sobre esforzarnos para rendir igual o más que las demás personas y así ser aceptadas.

Las madres, padres, maestras y maestros pueden favorecer el desarrollo de una identidad positiva en una persona con discapacidad. Para ello requieren cotidianamente dar muestras de respeto y valoración de sus modos de ser y hacer sus actividades de manera diferente, considerando que esas maneras son las normales dentro de su condición. Tomando en cuenta y acomodándose a sus ritmos, a sus estilos de ser y de comunicarse. Considerándola y haciéndola sentir normal, bella. Enseñándole a asumir su discapacidad como una condición diferente que la caracteriza pero no la hace valer menos. y brindándole todas las oportunidades posibles para desarrollar el conjunto de las capacidades con las que cuenta para que pueda realizarse en distintos aspectos y ser feliz.

Asimismo, conocer la historia del movimiento de las personas con discapacidad en la lucha por conseguir que sus derechos queden plenamente establecidos y se cumplan, favorece el desarrollo de la identidad. Igualmente, el conocimiento de los modelos históricos y actuales de personas con discapacidad que viven su condición sin asumirla como una vergüenza o una tragedia, sino más bien de manera positiva y con orgullo.

Necesitamos recibir una formación que nos lleve a asumirnos como sujetos de derechos
Otra necesidad que las personas con discapacidad imperiosamente requerimos es ser formadas como personas conscientes de ser sujetos plenos de derecho.

Muchas personas, en general, experimentamos atropellos de diferentes tipos, pero somos muy pocas a las que se nos ha enseñado o hemos aprendido a reclamar y no quedarnos calladas. Nuestra participación en la sociedad se ve limitada por una serie de trabas para controlar nuestro destino, expresar nuestra voluntad y tomar parte de las decisiones en nuestro país.

Esta situación se agudiza más en el caso de las personas con discapacidad debido a la percepción negativa que se tiene de nosotras. En términos generales y de manera implícita, se piensa que no tenemos derechos iguales a todas las personas y en la práctica se actúa como si lo que deberíamos obtener por derecho debería dársenos como actos de caridad.

Recordemos que nuestra sociedad a lo largo de la historia, nos ha visto como personas disminuidas y, por lo tanto, incapacitadas para ejercer nuestros derechos. Si bien, esto ha mejorado, existen situaciones que nos infantilizan, que fortalecen nuestras dependencias y que refuerzan el paternalismo así como el rechazo y la exclusión.

En el Perú, la conciencia de ciudadanía es escasa. Pocos nos sentimos ciudadanos y no ejercemos esa condición. Las escuelas, tampoco se caracterizan por ser forjadoras de ciudadanía. Por el contrario, suelen despojarnos de aquellas capacidades que tenemos que desarrollar para ejercer ciudadanía. En las escuelas especiales las cosas no son muy diferentes, por lo menos, en las escuelas especiales de las que tenemos conocimiento y que están en varias regiones de Nuestro país.

Podemos hacer un listado de los derechos que reivindicamos haciendo algún breve comentario con relación a los que consideramos son menos tomados en cuenta en la formación de la niñez con discapacidad.

:. Derecho a expresarnos y a ser escuchados, usando los medios y canales que nos sean más adecuados y encontrando receptividad y aceptación en nuestras familias y docentes.

:. Derecho a nuestra individualidad, que implica tomar en cuenta nuestros gustos, nuestras preferencias, nuestros intereses, nuestras edades, nuestras maneras y ritmos de hacer las cosas.

:. Derecho a la privacidad y a la intimidad, respetando nuestros sentimientos y conductas y alentando la protección de nuestro mundo personal.

:. Derecho a la autonomía, estimulando la afirmación de nuestra voluntad, nuestra independencia, nuestras decisiones y el control de nuestras vidas.

:. Derecho a una atención de calidad, donde prevalezcan actitudes positivas y expectativas reales por nuestra educabilidad. Debemos poner fin a escuelas que funcionan como contenedores, como depósitos.

:. Derecho a una vida afectiva y sexual, reconocernos como seres sexuados con las mismas necesidades y aspiraciones de todos los seres humanos.

:. Derecho a jugar, al arte y a hacer deportes. Es urgente alentar espacios para la diversión y el aprendizaje a través del juego. Hacer del arte un medio de expresión, de gozo, de belleza.

:. Derecho a sentirnos personas bellas. Se requiere romper con los estereotipos y patrones de belleza que nos excluyen de la necesidad de reconocernos como seres hermosos; y promover imágenes que incluyan la belleza de la diversidad.

Los derechos se aprenden ejerciéndolos. El hogar y la escuela deben convertirse en un espacio de aprendizaje ciudadano. Un entrenamiento de participación en el espacio público. Un lugar adecuado para una convivencia respetuosa de las diferencias y de enfrentamiento de cualquier forma de opresión.

Necesitamos la oportunidad para desplegar todas nuestras potencialidades
Ésta es una tercera gran necesidad que a su vez implica otras que señalo a continuación. Inicialmente me gustaría recordar el lema de una campaña que a tenido lugar en la ciudad de Lima durante el segundo semestre del año 2004: “Discapacidad no es incapacidad”.

Si la gente en general llega a comprender que quienes vivimos una discapacidad contamos, como todas las demás personas, con capacidades, aunque a simple vista no parezca, podrán abrirse cada vez más puertas y por ende tendremos las oportunidades para desarrollar nuestras potencialidades. Conozco a Javier, un joven con parálisis cerebral, quien por sus dificultades para hablar, podría creerse que es una persona con limitaciones intelectuales, lo cual es un error. Así también, durante mucho tiempo, se consideraba que las personas que eran sordas tenían más bien limitaciones intelectuales, creencia que se fundaba en su falta de un lenguaje (oral) para comprender el mundo y comunicarse.

Por tanto, si nos dejamos llevar por las apariencias vamos a seguir cometiendo muchos errores y vamos a dejar sin oportunidades de desarrollarse a muchas personas con discapacidad.

Por otro lado, destaca la cuestión de la oportunidad de acceder al proceso de educación formal recibir una educación que contemple nuestras características y desarrolle nuestras capacidades para poder aprender todo aquello que nos sea necesario y nos abra nuevos horizontes.

Esta es la necesidad más urgente que presentan en el Perú la mayoría de niñas, niños y adolescentes con discapacidad y sobre todo, en las áreas rurales. Actualmente los centros de educación especial que existen en nuestro país solo pueden atender al 2% de la niñez con discapacidad, es decir, en ningún modo son suficientes.

Por esta razón, miles de niñas y niños con discapacidad que también cuentan con todo un potencial por desarrollar están viviendo la situación de que no se les brinde oportunidades educativas debido al desconocimiento, a los prejuicios y a la falta de voluntad y decisión política. Y así el país pierde la posibilidad que estas personas desarrollen todas sus potencialidades en beneficio propio y de la sociedad.

Necesitamos que se confíe en nuestro progreso y que haya muestras de voluntad para que lo logremos.

Hemos tenido el gusto de conocer a Susana, una joven con síndrome de Down quien tuvo la oportunidad de recibir una educación que potenció sus habilidades de modo que hoy ella puede manifestar sus ideas y sentimientos a través de la poesía, ha podido ganar algunas medallas como gimnasta, practica danza y solo la vida sabe qué más va a lograr.

Todo debido a que su madre y otras personas más han creído en sus posibilidades de desarrollo y le han dado la oportunidad de demostrarlo.

Sabemos que un profesor de Javier, con acierto, evaluó sus capacidades y no vio únicamente su discapacidad ,y fue así como él pudo acceder a un colegio regular para hacer sus estudios secundarios.

Contando únicamente con la voluntad de algunas personas es posible lograr no sólo el aprendizaje efectivo y la realización de una persona con discapacidad sino que además ésta persona puede luego prepararse para trabajar y así contribuir con su autosostenimiento y con el progreso del país. Cuánto más se podrá alcanzar si no sólo somos unas pocas personas las que con voluntad nos comprometemos en esta causa justa.

Necesitamos que reconozcan nuestras habilidades y nos estimulen a superarnos.

Sabemos del potenciador efecto que puede tener sobre nuestro progreso, el que otras personas, sobre todo quienes son figuras significativas de nuestro entorno, reconozcan nuestras habilidades . Abraham, un joven que tiene muy poca visión, nacido en una zona rural, quien no fue a la escuela hasta los 16 años por el desconocimiento tanto de sus padres como del profesor de la escuela de su comunidad, nos ha manifestado su aprecio por las palabras de estímulo y de los incentivos de superación que algunos de sus profesores le expresaron teniendo en cuenta sus cualidades y su empeño.

Necesitamos ser tratados con respeto y que se tome en cuenta nuestras diferencias.

Jessica, una mujer sorda, nos ha contado que en su colegio había profesoras que pegaban a los alumnos que no entendían. Pero en base a su testimonio podemos deducir lógicamente que habrían muchas niñas y niños que no entendían pues aunque ella estudió en un colegio para personas sordas, donde sí se permitía utilizar la lengua de signos, la mayoría del personal docente sólo conocía algunos de ellos, es decir que solo se esperaba que las niñas y niños sordos leyesen los labios y oralicen para poder comunicarse con sus maestras. Por otro lado Jessica también nos ha dicho que con sus profesoras de arte y de costura sí entendía todo y aprendía porque ellas eran sordas y le hablaban con la lengua de signos.

En base a esta situación no puedo dejar de señalar en primer lugar que el respeto como actitud es fundamental en las relaciones humanas y en ningún caso las personas con discapacidad debemos estar excluidas de recibir un trato respetuoso. Esto abarca desde las miradas que nos dirigen, pasando por el trato que recibimos y hasta en la calidad de los servicios que se nos brinda, como por ejemplo, la educación.

Considero que estaríamos dando una muestra de respeto hacia las personas sordas brindándoles una educación en su propia lengua que sabemos les facilita la comprensión y por ende el aprendizaje. Creo que al pretender que ellas hagan todo el esfuerzo de oralizar y leer los labios estamos pretendiendo que se adapten a la mayoría y eso no es muestra de respeto por la diferencia ni mucho menos es muestra de una sociedad con principios de inclusión. Sería bueno que nos pongamos en una situación ficticia y pensemos cómo nos sentiríamos si se establece que todas las personas hombres y mujeres tendríamos que caminar, todo el tiempo, con zapatos con tacos aguja número 7. Quizá para algunas mujeres no habría ninguna dificultad, pero creo que para la mayoría implicaría una tortura o quizá un imposible.

Entonces es bueno que pensemos que si creemos en el respeto, tengamos presente que éste implica respetar las diferencias y no pretender que todos seamos iguales o nos comuniquemos en la lengua predominante.

Hay que tener siempre presente que existen las diferencias individuales y que es fundamental respetarlas y atenderlas si realmente queremos como docentes o madres y padres facilitar el desarrollo de las niñas y niños con discapacidad.

Necesitamos que nos enseñen empleando materiales que nos faciliten el aprendizaje
Es usual escuchar que parte de la baja calidad de la educación en general en nuestro país se debe a la falta de recursos. Sin embargo, sabemos que Abraham en uno de los colegios de educación especial donde estudió la mayor parte de su escolaridad contaban con materiales educativos que permanecían almacenados y que los profesores no los utilizaban para facilitar su aprendizaje.

Necesitamos que en la escuela se utilicen metodologías estimulantes y se desarrollen temas y actividades de acuerdo a nuestras capacidades y posibilidades.

Jessica, Javier y Abraham han coincidido en señalar que sus procesos educativos se caracterizaron por ser, en términos generales, pobres debido a que se emplearon métodos que implicaban una participación reducida y monótona de quienes eran los sujetos de aprendizaje. Nos han contado que en sus colegios se desarrollaron menos contenidos de los que ellos consideran que se debieron enseñar y además que lo que se hizo fue poco significativo por el tipo de metodología empleada que se reducía principalmente a copiar lo que de manera limitada les dictaban o escribían en la pizarra sus profesoras sin explicaciones que aclarasen los vacíos y las dudas.

Esperamos recibir formación para el empleo, una formación para el empleo seria que responda a una percepción real de nuestras potencialidades y que no nos encasille en futuros trabajos mecánicos, sin valor social y poco remunerados en el mercado. Para ello son necesarios programas de capacitación laboral que apunten también a la formación de microempresarios y que conviertan a la experiencia formativa en un espacio serio de entrenamiento laboral que vaya generando autonomía económica.

Concluyendo, la convicción sobre nuestra capacidad para aprender y sobre las ventajas que tiene invertir esfuerzo, creatividad, tiempo y recursos en nuestra educación es fundamental para que se potencien todas nuestras habilidades. Por eso, deben aprovecharse aquellos enfoques más integradores que consideran todos los aspectos de nuestra formación, aquellas innovaciones que pueden estimular mejor nuestros aprendizajes; aquellas estrategias que apoyándose en nuestras fortalezas hacen que el aprendizaje sea más accesible e interesante.

Teniendo en cuenta las tres grandes necesidades presentadas, podemos señalar que son las escuelas inclusivas, por principio, las que deben considerar el desarrollo de la identidad, la formación ciudadana y el desarrollo de potencialidades como ejes centrales de sus propuestas.
La importancia de la experiencia de estudiar juntos en las escuelas inclusivas no está en el mero hecho de que niñas y niños con y sin discapacidad compartan un espacio común; sino que ese espacio esté estructurado pedagógicamente de tal forma que estimule la formación de identidades diversas que conviven en forma democrática donde hay un reconocimiento de los derechos y las diferencias. Y, donde, se estimulan de formas alternativas y diversas nuestras capacidades para el beneficio común de todos y todas.

Las escuelas especiales, mientras subsistan, pueden también incorporar el eje de la identidad. Y enriquecer la experiencia de sus niñas y niños, fomentando actividades de encuentro con estudiantes sin discapacidad, rompiendo las barreras de la segregación.


 
 
 
Autor/a de este artículo:
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MADEZHA CEPEDA
Profesora

Becaria Peruana
IFP AR&SC Grupo 1A

Madezha estudió la Maestría en
Integración de personas con discapacidad en la Universidad
de Salamanca.

 
 
 
 
 
 
 
"Así como Sofía, si las personas con discapacidad logramos desarrollar y fortalecer nuestra identidad, vamos a sentirnos bien con este tipo de experiencia humana que nos ha tocado vivir"
 

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Año 3, Número 11