Boletín IFP
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Noviembre 2004
 
Miradas Respecto del Feminismo: las Mujeres y lo Social
Por Jessica Alfaro  
   

Para aquellos interesados en las cuestiones sociales, políticas y económicas, no puede pasar inadvertida la carta del Vaticano al feminismo(1), pues en la epístola podemos encontrar un extracto maravilloso de cómo se pueden tejer los discursos de poder invisibilizando justamente el acceso o la mirada hacia este. Por otra parte, y pensando en el feminismo como un corriente teórica, epistemológica y política de un aporte relevante en el acontecer mundial, es gratificante ver como la institución eclesial se siente interpelada y responde, pese al carácter critico del documento y su decidida negación a los aportes feministas, no puedo dejar de sentir la interpelación como un reconocimiento, una de esas situaciones que desborda la intencionalidad del autor cuando escribe un texto. Finalmente el texto aludido nos da pistas para entender y posicionarnos respecto del papel que tiene y ha tenido la iglesia como una de las instituciones más importantes en América latina y en nuestros países del sur.

Del sexo discurso al post género
En el texto, la voz del Vaticano recorre los postulados feministas, centrándose en la perspectiva de género y atribuyéndole a esta la invisibilización de la diferencia sexual tras el constructo social del género. Ah corrido mucho agua bajo el puente y esta línea de trabajo esta superada o redefinida, de forma que en el post feminismo es justamente la recuperación de la categoría sexual lo que esta en juego, claro que no para esencializar a hombres y mujeres en atributos relativos a su condición de sexo, como proclama la iglesia, sino para evidenciar la construcción que ya esta presente en esta distinción. En el post genero se vuelve sobre el sexo y se trabajo sobre esta construcción, evidenciando como la mirada construye al objeto en los discursos que le nombran...tal ves en otra línea de posibilidades o puntos de fuga de esta “humanidad”, la distinción sexual no hubiese existido, entonces habría que preguntarse ¿cuales son los efectos de la distinción?, o de otro modo, ¿que queda excluido de ella?

J. Butler escribe sobre los núcleos excluidos y como desde la expulsión de lo otro diferente a lo heterosexual, se generan visiones de lo abyecto, es decir, aquello de lo que hay que huir, poner distancia. Se trata entonces de construcciones que nos hablan de lo indeseable con el objeto de generar adhesión al ideal hegemónico o discursivo. Ideal heterosexual que parece afirmarse en la subordinación de lo femenino como una identidad definida desde la falta. Esto último muy consonante con el ideal regulatorio promovido desde la instancia eclesial: “la mujer, en su ser más profundo y originario, existe «por razón del hombre» (cf 1Co 11,9): es una afirmación que, lejos de evocar alienación, expresa un aspecto fundamental de la semejanza con la Santísima Trinidad”.

Además de ser una lectura interesante para las feministas militantes y para todos aquellos interesados en la temática de la discriminación sexual, la identidad es un punto de análisis que hace de palanca para volver hacia otros tantos núcleos de exclusión en nuestra sociedad, la clase, la raza, incluso podemos hablar de ideales regulatorios en la estética. Desde esta perspectiva podemos comenzar a preguntarnos ¿desde dónde se nos define o se nos excluye? O de otra forma ¿quién o quienes hacen de centro y periferia? ¿Qué posibilita o constriñe la definición? Se trata en suma de buscar salidas o abrir puertas hacia otras posibles construcciones sociales, tal vez más justas o más solidarias. También se trata de posibilitar reflexión, acción dialógica como diría freire y generar agencia: los ámbitos donde se requiere son muchos, sin ir mas lejos hay que revisar los poderes fácticos en la paródica ley de divorcio, las muchas muertes por abortos “ilegales”, la violencia en el trabajo público y privado, la exclusión de la sociedad civil en la discusión política etc.

También implica ir mas allá de la lógica falogocéntrica a la que estamos acostumbrados, y que a todas vistas hace gala en el documento de referencia, supone darnos otras oportunidades, oportunidades truncadas cuando se nos dice que las mujeres estamos mejor o somos mejores en la renuncia al poder, es decir, en la ética del cuidado “Entre los valores fundamentales que están vinculados a la vida concreta de la mujer se halla lo que se ha dado en llamar la «capacidad de acogida del otro». No obstante el hecho de que cierto discurso feminista reivindique las exigencias «para sí misma», la mujer conserva la profunda intuición de que lo mejor de su vida está hecho de actividades orientadas al despertar del otro, a su crecimiento y a su protección.... esta capacidad es una realidad que estructura profundamente la personalidad femenina. Le permite adquirir muy pronto madurez, sentido de la gravedad de la vida y de las responsabilidades que ésta implica”… “Y a los abusos de poder responde el feminismo con una estrategia de búsqueda del poder. Este proceso lleva a una rivalidad entre los sexos, en el que la identidad y el rol de uno son asumidos en desventaja del otro, teniendo como consecuencia la introducción en la antropología de una confusión deletérea, que tiene su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia”.

Reconocemos que el cuidado del otro es fundamental en una sociedad, pero también tenemos que revisar que el poder se juega en relaciones(2), que no es una autoridad fija y lejana que nos dicta mandatos, sino que cada día, en cada situación con un otro estamos jugando el juego del poder, y que ello no es “malo”, sino que el poder es productivo, necesario, es mas, la condición de sujeto esta asociado a este juego, assujetissement(3) es sujeción y subjetivación, donde al ser nombrados quedamos sujetados pero también nos posibilita agencia – resistencia, entonces si las mujeres quedamos fuera (supuestamente) entonces ¿cual es la posibilidad autentica de agencia? Por otro lado se nos llama al amor, sentimiento indispensable y tal ves el mas deseable para cada ser, sin embargo se oculta que también por amor se hacen guerra, se quema gente, se cometen atrocidades...

Solo teniendo claridad en este aspecto podemos intentar generar prácticas de libertad, es decir, formas de relacionarnos que no fijen las relaciones de poder en que estamos insertos, que no produzcamos o reproduzcamos estados de dominación, de explotación donde la posibilidad de resistencia del otro quede superada o al limite de lo posible. En este plano y desde Foucault(4) podemos encontrarnos con el cuerpo y los placeres como respuesta o alternativa al sexo discurso entendido como tecnología de dominación. Se trata entonces de “vivir la vida como una obra de arte”. Desde Freire(5), tenemos que construir confianzas para la acción dialógica, teniendo presente que en la subordinación es también el opresor incorporado en las prácticas.

El poder y sus múltiples vericuetos, a veces topográficos, a veces ondulantes, enunciados que se fijan en la arena social y que ya fijados rechazan otros posibles acontecimientos. “El alma (soberana sobre el cuerpo, sometida a Dios); la conciencia (soberana en el orden del juicio, sometida al orden de la verdad); el individuo (soberano titular de sus derechos, sometido a las leyes de la naturaleza o a las reglas de la sociedad); la libertad fundamental (interiormente soberana, exteriormente consentidora y “adaptada a su destino”). En suma, el humanismo es todo aquello, a través de lo cual se ha obstruido el deseo de poder en occidente – prohibido querer el poder, excluida la posibilidad de tomarlo-”(6).

Es en este humanismo donde aparecen algunos de los argumentos señalados en la epístola, y que podemos hacer corresponder con la biopolítica(7) o el control sobre la vida asociada a la familia burguesa y al surgimiento del capitalismo(8). Además de encontrar sonoridades en la cultura griega y su visión de la-s mujer-es. Al respecto señalaremos 3 puntos: el mito de la mujer madre. La supremacía de lo abstracto por sobre lo concreto y la complementariedad de roles que oculta el problema político de fondo.

Desconstruyendo Mitos
En América Latina la iglesia y la figura mariana son un referente importante en la creación y construcción de significados y sentidos cotidianos. Ello no me causaría desasosiego si no fuese porque el referente indica para la mujer, en exclusiva, o en forma esencialista, la ética del cuidado del otro, la ética del amor y la entrega, reforzada por el contrapoder asociado a la maternidad, maternidad en el matrimonio (además): “Aun tratándose de actitudes que tendrían que ser típicas de cada bautizado, de hecho, es característico de la mujer vivirlas con particular intensidad y naturalidad. Así, las mujeres tienen un papel de la mayor importancia en la vida eclesial, interpelando a los bautizados sobre el cultivo de tales disposiciones, y contribuyendo en modo único a manifestar el verdadero rostro de la Iglesia, esposa de Cristo y madre de los creyentes”. Frente a esto podemos discutir que los tres órdenes imaginarios de la familia "burguesa”(9): la mujer – madre, la pasividad erótica femenina y el amor romántico, son algunos de los que instituyen la legitimación de prácticas determinadas de poder masculino, a través de la figura social del marido que posiciona en dependencia económica, subjetiva y erótica a la esposa y articula un relativo contrapoder femenino, a través de la figura social de la madre.

Si tenemos que este es el emblema declarado para las mujeres, y además desde la iglesia, es el único relevante, entonces cualquier conducta que no este contenida en la declaración cae en lo que hemos denominado lo excluido, lo no nombrado y por tanto sin categoría de sujeto. ¿Qué pasa cuando franqueamos las fronteras del discurso? Además de las sanciones sociales aun presentes en nuestras sociedades que estigmatizan y castigan a las mujeres que rompen el estereotipo, nos encontramos con mecanismos psíquicos de sujeción(10), es decir, aquello dispositivos de control que nos coartan cuando nos salimos de “lo bueno, lo deseable, lo aceptado”, mecanismos que funcionan con efectos de miedo, culpa, rabia u otras emociones imposibilitantes y que restan agencia. Porque “los dispositivos de poder exigen como condición del funcionamiento y la reproducción del poder no solo sistemas de legitimación, enunciados, normativas y reglas de justificación, sanciones de las conductas no deseadas (discursos del orden), sino también prácticas extra discursivas; necesita de soportes mitológicos, emblemas, rituales que hablen a las pasiones y, en consecuencia, disciplinen los cuerpos...más que a la razón, el imaginario social interpela a las emociones, voluntades, sentimientos; sus rituales promueven las formas que adquirirán los comportamientos de agresión, temor, amor, seducción, que son las formas como el deseo se anuda al poder”(11).

Además estos no solo funcionan para quien rompe la norma, sino que también para aquellos que están en el circulo y que se convierten, a su modo, en agentes de control, de forma no sabida pero actuada en prácticas de sometimiento - subordinación de las mujeres frente a lo que debe ser “su natural disposición al sacrificio por el otro”. De esta forma quedamos todos atrapados en el circuito del discurso, mas complicado aún, cuando muchas veces, lógicamente, somos las mismas mujeres las que llevamos la práctica y el ideal de subordinación a otras mujeres desde la complicidad del silencio.

Este discurso tiene claramente una connotación peyorativa hacia la figura femenina, pues cuando se afirma la ética del cuidado como universal, se la reitera en la mujer, y en el discurso del Vaticano esta se análoga a la esposa y la esposa a Israel, el mismo de años de esclavitud: “Esposo que ama a Israel, su Esposa...Dios es descrito como «Dios celoso» (cf Ex 20,5; Na 1,2) e Israel denunciado como esposa «adúltera» o «prostituta» (cf Os 2,4-15; Ez16,15-34), el motivo es que la esperanza que se fortalece por la palabra de los profetas consiste precisamente en ver cómo Jerusalén se convierte en la esposa perfecta”(12). ¿Se dice algo respecto del varón? Pues si y no, si puesto que se confunde hombre con Hombre, lo que es mas notorio cuando se hace la diferencia con la mujer. Y no, cuando se trata de la “antropología bíblica”. El resultado es lo contrario de lo proclamado, no puede generarse amor donde hay sometimiento, dolor o culpa.

Aludimos también a la observación que hace la carta respecto de dos niveles de funcionamiento, lo abstracto y lo concreto. Donde el nivel concreto es asignado a la mujer y desde ello se le ensalza, pues implicaría la lucha por la vida en la entrega al otro desde la maternidad o la virginidad espiritual, (mas cercana a lo abstracto): “Desarrolla en ella el sentido y el respeto por lo concreto, que se opone a abstracciones a menudo letales para la existencia de los individuos y la sociedad”. Sin embargo, sabemos que en psicología se habla de pensamiento concreto como un nivel anterior al desarrollo de la lógica abstracta. Además parece poco defendible la idea si vemos que las figuras socialmente valoradas, sobre todo en la iglesia, son aquellas centradas en la lógica, el pensamiento todo lo que no es la mujer desde esta perspectiva, y en ello se funda también el que sean solo hombres los ministros de la iglesia. Otra vez se ensalza una cualidad (que lo es) para ponerla luego en desventaja frente a otra.

El tercer punto prometido para analizar, es el que nos habla acerca de la complementariedad de roles. Lo público complementado con el trabajo privado y viceversa. Aquí es interesante observar como la iglesia, insistiendo en el carácter esencial de la entrega al otro presente en la mujer, advierte que para ella la combinación de espacios o modalidades de trabajo es compleja y debe ser analizada, sin embargo no señala caminos para abordar el grave problema que significa el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos cuando no es reconocido como trabajo. La institución al omitir, esconde el problema político implícito en la invisibilidad de lo privado y el trabajo femenino, en tanto implica descubrir un sistema socio económico basado en la explotación de media humanidad (reconociendo diferencias en ciertas culturas). No se trata de “luchar contra los hombres” como señala la iglesia, sino de ver la subordinación del sexo femenino y reconocer que ella soporta la explotación del trabajo público realizado por las parejas, padres, esposos... ¿que pasaría con la maquinaria económica del planeta si las mujeres se declaran en huelga de la casa? ¿Qué oculta el problema político de fondo? De muestra un botón: en Chile la legislación laboral señala que “se exigirán guarderías en las fábricas – empresas, que cuenten con mínimo 25 mujeres”, ya lo del número es un atropello a las 24 restantes, pero ¿por qué no 25 personas o 25 trabajadores? La paternidad no cuenta. Sería más caro. De esta forma seguimos descansando en hombros del sexo “más débil” y así toda la población es afectada.

Acción Política
Llegamos al autor del texto en cuestión y la retórica utilizada. Llama la atención como se expone al feminismo como la vos que interpela a las escrituras como machista “Esta perspectiva tiene múltiples consecuencias. Ante todo, se refuerza la idea de que la liberación de la mujer exige una crítica a las Sagradas Escrituras, que transmitirían una concepción patriarcal de Dios, alimentada por una cultura esencialmente machista. En segundo lugar, tal tendencia consideraría sin importancia e irrelevante el hecho de que el Hijo Dios haya asumido la naturaleza humana en su forma masculina”, y luego se nos propone la réplica desde la Biblia, es decir, desde la figura de autoridad que tiene en el imaginario de muchos este gran libro. Además de apoyarse en la falacia de la autoridad, el autor nos promete una descripción “de lo que hay en el libro santo” (comillas mías) escondiendo que es una lectura, como podrían haber muchas, del mismo, es decir, que lo que leemos es un relato construido desde la visión de una institución y es mas, de cierta línea de la instancia iglesia. Es el autor el generador de sentido(12) y en esta carta vale la pena preguntarse por quienes conforman la “Congregación para la doctrina de la fe sobre la colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y el mundo”.

Para nosotros se trata de no esencializar, ni a hombres ni a mujeres, tampoco queremos caer en la victimización de las mujeres, reconocemos las prácticas de resistencia femenina y las connotamos desde lógicas diversas...el problema es que muchas personas, hombres mujeres niños siguen viviendo situaciones graves de discriminación, desigualdad, carencia y para muchos la iglesia es un referente importante, entonces la responsabilidad política y social de la institución debe ser siempre interpelada, cuestionada, enriquecida. Quien genera símbolos enraizados en el imaginario social e individual de muchos puede generar y/o mantener situaciones de dominación así como puede promover las de liberación.

Notas Explicativas
(1) Congregación para la doctrina de la fe sobre la colaboración del hombre y la mujer en la iglesia y el mundo”. Carta a los Obispos de la Iglesia Católica. Roma, 31 de julio de 2004.
(2) M Foucault, Vigilar y castigar.
(3) J Alfaro, “Poder y Género- imaginando nuevas comunidades”, artículo publicado en la 4da edición del Boletín IFP.
(4) M Foucault, “Historia de la Sexualidad. La voluntad de saber”. Editorial Siglo XXI, Madrid (1998).
(5) P Freire, Pedagogía del oprimido, Madrid, Movimiento cultural cristiano, Dersa.
(6) Foucault M, “Microfísica del poder”, Madrid, Segunda edición, 1979, Ediciones La Piqueta. Pág. 34.
(7) M Foucault, “Historia de la Sexualidad. La voluntad de saber”. Editorial Siglo XXI, Madrid (1998).
(8) Teniendo presente que estos ordenes no generar de la nada las nuevas técnicas de dominación, sino que rentabilizan lo que ya esta presente en los márgenes, es decir la microfísica del poder llevada a situaciones estratégica de dominación.
(8) A.M Fernández, “La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres”, Editorial Paidos, Buenos Aires, P 248.
(10) J Butler, “Mecanismos psíquicos del poder. Teorías sobre la sujeción”, Ediciones Cátedra.
(11) A M Fernández, “La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y mujeres”, Editorial Paidos, Buenos Aires, P 248.
(12) Epístola.
(13) M Bajtin,1979,1990, “El problema del texto en la lingüística, la filosofía y otras ciencias humanas” estética de la creación verbal. Madrid, s. XXI.


 
 
 
Autor/a de este artículo:
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JESSICA ALFARO
Trabajadora Social y Psicóloga

Becaria Chilena
IFP AR&SC Grupo 2

Jessica estudia un Doctorado en Psicología Social en la Universidad Autónoma de Barcelona, hasta fines del año 2005.

 
 
 
 
 
 
 
 
“Se trata de no esencializar, ni a hombres ni a mujeres. Tampoco queremos caer en la victimización de las mujeres, reconocemos las prácticas de resistencia femenina y las connotamos desde lógicas diversas... el problema es que muchas personas siguen viviendo situaciones graves de discriminación, desigualdad, carencia y para muchos la iglesia es un referente importante, entonces la responsabilidad política y social de la institución debe ser siempre interpelada, cuestionada, enriquecida”
 
El Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firma la “Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo”, que puede ser leída en castellano en forma íntegra desde el siguiente sitio web:

www.iglesiauruguaya.com/
congregacion_fe.htm

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Año 2, Número 9