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Noviembre 2004
 
Conflictos armados y salud mental
Por Walter Herrera Rivera  
   
“Desde 1945 se estiman unas 160 guerras y conflictos armados en los países en desarrollo, ello ha producido unos 22 millones de muertes y 3 veces más el número de heridos.” (1)

El presente artículo describe algunas interpretaciones psicológicas que hacen los profesionales que trabajan en contextos de violencia organizada y conflictos armados. De tal forma que, en la primera parte se exponen esas interpretaciones y se conjugan con una pequeña reseña histórica sobre los daños que han dejado las guerras en el ámbito mundial y las subsecuentes secuelas en la población civil. La segunda parte revela algunos daños que dejó la represión en Guatemala a lo largo de 34 años de conflicto armado interno. Para ello, se retoma los datos originados por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Naciones Unidas “CEH”(2) y el informe del Arzobispado de Guatemala a través del proyecto Recuperación de la Memoria Histórica “REMHI”(3). La tercera parte aborda lo psicosocial como alternativa para disminuir y, en el mejor de los casos, revertir esos impactos negativos sobre la sociedad civil guatemalteca.

Psicología y guerra
La historia de la evolución humana ha sido marcada por una serie de conflictos bélicos con un denominador común: “dañar o destruir al enemigo". Sin embargo esa definición de enemigo era relativamente fácil de reconocer antes de la II Guerra Mundial, puesto que se consideraba que las guerras eran llevadas a cabo entre dos o más grupos armados en conflicto.

A medida que han evolucionado y se han sofisticado las guerras en todo el mundo, esa definición de “enemigo” se ha hecho más amplia para algunos o más ambigua para otros, puesto que se ha involucrado a la población civil dentro de las estrategias militares. Lo que queda claro entonces, es que la población civil se ha convertido en un objetivo principal del dominio o exterminio de un grupo o país sobre otro(4,8).

Summerfield refuerza el enunciado anterior con números y porcentajes de personas afectadas por situaciones de guerra, es decir, como la población civil ha sido y es blanco de esas acciones militares, siendo así que para la primera guerra mundial el 5 % de las muertes fueron de civiles; en la segunda guerra mundial subió para un 50 % de muertos civiles; en la guerra de los EEUU con Vietnam llega a cifras de hasta un 80 % y en la actualidad el autor estima un 90 % de civiles muertos en situaciones de guerra. También UNICEF informó que entre el periodo de 1986 a 1996 habían dos millones de niños muertos en guerras y ACNUR reporta actualmente 18 millones de refugiados en el mundo, de estos el 90 % corresponden a personas civiles refugiados en países en desarrollo.

Por lo tanto, la ciencia militar o la militarización de la ciencia en sí no ha quedado limitada solo a mejorar los aspectos balísticos propiamente dichos, sino también se ha preocupado por incorporar y manejar los aspectos psicológicos con estrategias claras y precisas sobre la población civil inmersa en conflictos armados y en contextos de violencia organizada. Para ello, ha involucrado a otros científicos en sus estrategias militares, tales como: psicólogos, antropólogos, psiquiatras, etc. De tal forma que al lado de una intervención militar o de violencia organizada están los aspectos de la guerra psicológica.

La manera de cómo se interpretan las experiencias traumáticas vividas durante esos conflictos, depende no solo de las experiencias que tienen los propios profesionales en ese campo, sino también del referencial teórico en que se apoyan. Es por ello que podemos observar que existen diferentes maneras para conceptuar los daños psicológicos en contextos de guerra. Esta diferencia de enfoques también se ve reflejado en la diversidad de programas de asistencia psicológica, implementados en los sobrevivientes de esas experiencias. Siendo así que, para la sicología occidental o de países industrializados, los disturbios emocionales relacionados a traumas de guerra fueron ya reconocidos por más de un siglo, todos ellos con nombres diferentes pero con significados iguales, tale como el corazón del soldado, “shell shock”, neurosis de guerra, etc. Todas estas definiciones que aparentemente significaban lo mismo, es decir un trauma psicológico a causa de haber estado en una situación de guerra, fueron caracterizadas en la nomenclatura diagnóstica de la Asociación Americana de psiquiatría como Trastorno de Estrés Postraumático "TEPT" en 1980(5).

No obstante, otros profesionales con visiones más psicosociales, describen el sufrimiento causado por las guerras, ya sea debido a las consecuencias de la violencia política represiva, la militarización o los conflictos bélicos, como Trauma Político o Trauma Psicosocial(6).

Otro término frecuentemente utilizado en los países con conflictos internos es el de Violencia Organizada, Zwi(7) la describe como "la inflicción interhumana de dolor y sufrimiento significante y evitable por un grupo organizado según una estrategia declarada o implícito y/o un sistema de ideas y actitudes". Es por ello, que la experimentación de los traumas vividos en tiempos de paz, tienen efectos diferentes sobre la salud mental de las personas cuando se comparan con aquellos traumas ocurridos en tiempos de guerra o violencia política. Esta diferencia implica que las personas y grupos sociales tengan diversas interpretaciones y respuestas psicológicas. Con lo antes expuesto queda claramente implícito que la guerra tiene un sistema propio de funcionamiento, “La guerra es una institución perfectamente asentada en la mayoría de las culturas contemporáneas. Como cualquier institución, la guerra tiene unos valores e ideas genéricas que la justifican, unas normas que la regulan, unas colectividades que giran en torno a la misma y se encargan de darle vida y unos roles o formas de actuación normalizada, reservados para cada miembro de los grupos que tienen relación con ella, que en los tiempos modernos, son todos los habitantes de los territorios en los cuales se desarrolla”(8).

El Conflicto Armado Interno en Guatemala
Guatemala forma parte de los países del istmo centroamericano, con una población aproximada de 11 millones de habitantes y una extensión territorial de 110 kms cuadrados(9). Este país tiene una historia reciente de 34 años de guerra civil o enfrentamiento armado interno, que terminó con la firma del acuerdo de Paz entre el Gobierno de Guatemala y la Unidad Nacional Revolucionaria Guatemalteca (URNG) el 29 de diciembre de 1996.

Dentro de ese contexto, vemos que la mayoría de daños producidos en la población civil correspondieron a las diferentes políticas contrainsurgentes llevadas a cabo a lo largo de esos 34 años de guerra. Por la manera de cómo fueron planificadas y ejecutadas las estrategias contrainsurgentes en la sociedad civil, se puede deducir que había una intención clara de dañar psicológicamente a las personas y comunidades. No solo se pretendía dañar físicamente al “enemigo” si no también lograr el control de la población civil, cambiando su conducta y valores psicosociales que existían previamente al conflicto armado(3).

En su labor de documentación de las violaciones de los derechos humanos y hechos de violencia vinculados al enfrentamiento armado, la CEH en Guatemala, registró un total de 42,275 víctimas, incluyendo hombres, mujeres y niños. De ellas, 23,671 corresponden a víctimas de ejecuciones arbitrarias y 6,159 a víctimas de desaparición forzada. De las víctimas plenamente identificadas, el 83% eran mayas, indígenas, y el 17% eran ladinos, no-indígenas(2). Otro informe de igual importancia fue realizado por la Oficina del Arzobispado de Guatemala, en su proyecto de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), este informe recibió hasta el año de 1998, 5,180 testimonios de víctimas y testigos de violaciones de derechos humanos y hechos de violencia vinculados con el enfrentamiento armado en Guatemala(3).

La CEH comprobó que la responsabilidad del 93% de las violaciones registradas recae sobre el Estado de Guatemala, incluyendo en esta categoría el Ejército Nacional, las Patrullas de Auto-defensa Civil, los Comisionados Militares, otras fuerzas de seguridad del Estado y los Escuadrones de la Muerte. El 3% de las violaciones la CEH atribuye la responsabilidad a la guerrilla y el 4% a grupos no bien definidos(3).

También otros autores (10,11,12) estiman entre 150,000 a 200,000 civiles muertos y un millón de personas desplazadas internas. Melville y Lykes (13) describen unos 350,000 exiliados guatemaltecos viviendo principalmente en México y los EEUU.

La CEH “comprobó que a lo largo del enfrentamiento armado el Ejército diseño e implementó una estrategia para provocar terror en la población. Esta estrategia sé convirtió en el eje de sus operaciones, tanto en las de estricto carácter militar como en las de índole psicológica... La estrategia contrainsurgente no sólo dio lugar a la violación de derechos humanos esenciales, sino a que la ejecución de dichos crímenes se realizara mediante actos crueles cuyo arquetipo son las masacres... El asesinato de niños y niñas indefensos, a quienes se dio muerte en muchas ocasiones golpeándolos contra paredes o tirándolos vivios a fosas sobre las cuales se lanzaron más tarde los cadáveres de los adultos; la amputación o extracción traumática de miembros; los empalamientos: el asesinato de personas rociadas con gasolina y quemadas vivas; la extracción de vísceras de victimas todavía vivas en presencia de otras; la reclusión de personas ya mortalmente torturadas, manteniéndolas durante días en estado agónico; la abertura de vientres de mujeres embarazadas y otras acciones igualmente atroces constituyeron no sólo un acto de extrema crueldad sobre las víctimas, sino , además, un desquiciamiento que degradó moralmente a los victimarios y a quienes inspiraron, ordenaron o toleraron estas acciones”.

Con el ejemplo anterior y con los datos antes expuestos, queda claramente evidenciada la intención de las fuerzas militares de provocar daños en la población civil guatemalteca, no solo físicamente, sino también psicológicamente.

Un Modelo Psicosocial de Asistencia en Guatemala
Los efectos sobre la salud mental que se dieron en Guatemala, tuvieron y tienen secuelas a corto y largo plazo sobre esa sociedad, efectos que difícilmente podemos enmarcar dentro de un contexto individual, sindrómico y clínico. A pesar de que la información bio-médica ha hecho mucho en ayudar a reconocer los derechos de las victimas, esta información no es lo suficientemente útil en términos de tratamiento de las víctimas, porque en última instancia, los síntomas y signos solamente pueden estar entendidos dentro del contexto en la cual están normalmente expresados(13).

Los sobrevivientes de la represión y la violencia, necesitan y demandan reconstruir sus relaciones sociales y familiares para obtener la red de estructuras sociales y culturales que los sostienen(14,15,16). En términos generales, podemos decir que en Guatemala, los grupos sociedades son familias extendidas y donde los grupos comunitarios pueden proveer un ambiente que sana, ayuda y valoriza su empoderamiento para sobrevivir a una experiencia traumática. La participación en las actividades culturales y sociales de sus comunidades pueden permitir a los sobrevivientes a reintegrarse y a la vez a rechazar los abusos específicos de sus D.D.H.H. que fueron violados(16,17).

Para los profesionales que han trabajado con niños guatemaltecos afectados por el conflicto, reconocen la importancia de tener en cuenta el contexto social de la violencia para poder ayudar a los niños a dar sentido a sus vidas, por ejemplo explicando porque están viviendo en el exilio y el refugio, reconocen también como factores positivos que han utilizado estos niños las experiencias de auto-eficiencia, una relación emocional estable, un ambiente educacional abierto que da aportes y un apoyo social de la gente afuera de la familia(18). También el trabajo de los promotores de salud, quienes viven entre estos niños, sugiere que tal asistencia es necesaria y beneficiosa(12).

La constitución inter-disciplinar de equipos de trabajo en salud mental y la unificación de criterios, facilitando la capacitación básica a los miembros de la comunidad o grupos con los que se trabaja, son dos estrategias básicas de estas intervenciones psicosociales(4,17,19).

Debido a la diversidad cultural existente en el país, es importante incorporar elementos de tipo socio-culturales para entender de mejor manera como es que las personas que han sufrido hechos de violencia de manera sistemática dentro de su cultura, utilizan la misma para afrontar y dar sentido a la experiencia del trauma vivida durante la guerra(16,17,18).

Lo antes expuesto supone un gran desafío para los programas de trabajo y los modelos de intervención psicosocial, siendo necesaria la activación de procesos locales de reparación social, la dignificación de las víctimas, las exhumaciones, los monumentos, la memoria colectiva, el apoyo a grupos de alto riesgo y a personas o comunidades mayormente afectadas por la guerra. Esos programas de reparación psicosocial deben verse como un trabajo en la reconstrucción del tejido social destruido por la guerra y la militarización(16,17,20).

En conclusión, es necesario reevaluar los diferentes programas y modelos de tratamiento que hoy en día son implementados en el campo de la salud mental para personas o víctimas de los conflictos armados, puesto que parece ser que los impactos que conllevan los conflictos armados deben de analizarse desde una visión mas integral y sociocultural y dentro de la lógica de no victimizar aun más a los sobrevivientes, sino más bien, de revertir los daños que las experiencias traumáticas les han dejado.

Notas Explicativas
(1) Summerfield D. The social, cultural and political dimensions of contemporary war Med Conf Surviv 1997; 13 (1): 3-25
(2) Comisión para el Esclarecimiento del Silencio. Guatemala Memoria del Silencio. Guatemala: UNOPS, 1999.
(3) Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala. Guatemala: Nunca Mas- Informe Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica. Guatemala: 1998.
(4) Herrera Rivera W. Violencia Organizada e Intervención Psicosocial. Guatemala: PRONICE, Magna Terra Editores; 1998
(5) Foa EB, Meadows EA. Psychosocial Treatments for PTSD: A Critical Review. Annu Rev Psychol 1997; 47: 449-480
(6) Martín-Baró I. Guerra y salud mental. Estudios Centroamericanos, 1984, nº. 429/430, pp. 503-514. http://www.eurosur.org/~aula/bibliografia/MBaro-Guerra y salud mental.pdf
(7) Zwi A, Antonio U. Towards an epidemiology of political violence in the third world. Soc Sci Med 1989; 28(7)
(8) Ibañez V. La sociedad ante la guerra. Mimmeo 2000 http://www.eurosur.org/~aula/bibliografia/IbanezV-Guerra.pdf
(9) Instituto Nacional de Estadística de Guatemala. Censo Nacional de 1996. Guatemala: INEG, 1997.
(10) Comas-Diaz L, Lykes MB, Alarcon R. Ethnic Conflict and the Psychology of Liberation in Guatemala, Peru, and Puerto Rico. Am Psychol 1998;53:778-792.
(11) Lykes MB. Terror, silencing and children: international, multidisciplinary collaboration with Guatemala Maya communities. Soc Sci Med 1994;38:543-52.
(12) Melville MB, Lykes MB. Guatemalan Indian children and the sociocultural effects of government-sponsored terrorism. Soc Sci Med 1992;34:533-548.
(13) Zur J. From PTSD to voices in context: from an "experience-far" to an "experience-near" understanding of responses to war and atrocity across cultures. International Journal of Social Psychiatry 1996; 42 (4) 305-317
(14) Ortiz D. The survivors’ perspective: Voices from the center. In Gerity E, Keane TM, Tuma F. The mental health consequences of torture. New York: Kluwer Academic/ Plenum Publishers; 2001. pp 13-34
(15) Radan AE. Resilience in Central American women survivors of war: A study analyzing the role of social support.[dissertation]. Boston: Boston College; 2000
(16) Martín Beristaín C. Reconstruir el tejido social: Un enfoque crítico de la ayuda humanitaria. Barcelona: Icaria-Antrazyt; 1999
(17) Cabrera L, Martín Beristaín C, Albizu JL. Esa tarde perdimos el sentido: La masacre de Xaman; Experiencias de Acompañamiento y Trabajo en Salud Mental. Guatemala: Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala, ODHAG; 1998
(18) Miller KE, Billing DL. Playing to grow: A primary mental health intervention with Guatemalan refugee children. American Journal of Orthopsychiatry 1994; 64 (3) : 346-356
(19) Lykes MB. Terror, silencing and children: international, multidisciplinary collaboration with Guatemalan Maya communities. Soc Sci Med 1994; 38 (4): 543-52
(20) Herrera Rivera W., Burke T, Cabrera Pérez L, Rodas Ruiz, C. Comunidades Fracturadas: La Reconstrucción Desde Adentro Estudio comparativo de tres comunidades fracturadas por el conflicto armado interno y las dinámicas de reconstrucción social a partir de la pluriculturalidad y ayuda externa, en Guatemala. Monograph series on Rebuilding Fractured Communities: Volume III: United Nations Development Programme; 2000.


 
 
 
Autor/a de este artículo:
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WALTER HERRERA
Siquiatra

Becario IFP de Guatemala

Walter tiene una Maestría en Psiquiatría y con la Beca IFP estudió un PhD en psiquiatría en la U. Federal de São Paulo, Brasil.

 
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"A medida que han evolucionado y se han sofisticado las guerras en todo el mundo, la definición de “enemigo” se ha hecho más amplia para algunos o más ambigua para otros, pues se ha involucrado a la población civil dentro de las estrategias militares... la población civil se ha convertido en un objetivo principal del dominio o exterminio de un grupo o país sobre otro"
 
 
"...la mayoría de los daños producidos en la población civil de Guatemala correspondieron a las diferentes políticas contrainsurgentes a lo largo de 34 años de guerra. Del modo en que fueron planificadas y ejecutadas en la sociedad civil, se puede deducir que había una intención clara de dañar psicológicamente a las personas y comunidades. No solo se pretendía dañar físicamente al “enemigo” si no también lograr el control de la población civil, cambiando su conducta y valores psicosociales que existían previamente al conflicto armado"
 
"Es necesario reevaluar los diferentes programas y modelos de tratamiento que hoy en día son implementados en el campo de la salud mental para personas o víctimas de los conflictos armados, puesto que parece ser que los impactos que conllevan los conflictos armados deben de analizarse desde una visión mas integral y sociocultural y dentro de la lógica de no victimizar aun más a los sobrevivientes, sino más bien, de revertir los daños que las experiencias traumáticas les han dejado"

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