Boletín IFP
| Comentando Ideas |
Noviembre 2004
 
Comentando Ideas: Ciencia estrambótica
Por Por Karina Núñez y Rubén Quiroz  
   

La sección "Comentando Ideas" es un espacio para compartir ideas en torno a un texto en común, del cual l@s autor@s que comentan no conocen el autor ni el momento en que fue escrito, hasta este momento.

Al final de los comentarios se puede leer el texto base en forma íntegra. L@s autor@s de los comentarios sólo recibieron una fracción de el, aunque la más representativa.

Cuestión de Dedos
No morir de amor
Texto de Karina
Texto de Rubén
     

El desarrollo cognoscitivo es un tema que nos ha nutrido con respuestas variadas, donde una de las razones del éxito académico y la capacidad de una persona para las ciencias duras es aducida a la longitud de sus dedos índice y anular. Entonces, estamos invitados a mirarnos las manos y ver si efectivamente independiente de la disciplina que hemos desarrollado nuestros dedos marcan otro destino.

Aunque para muchos, pueden ser anecdóticas dichas explicaciones surgen con mayor recurrencia, este año en el marco de la constitución de la Red de Alimentación para América Latina , una investigadora del INTA plantea que las personas más inteligentes son aquellas que tienen un perímetro de cabeza mayor, es decir, los “cabezones”; a mayor cabeza mayor inteligencia. Más allá de lo cuestionable que pueden ser estas construcciones de conocimiento, están allí, validadas, cuantificadas y publicadas. Lo que no significa que la biología sea una fatalidad, sino sólo que nos expone sus puntos de vistas.

Lo que somos y la forma en que vivimos, en gran medida está dictado por los mensajes que forman e informan nuestros cerebros. Cuando se habla del “cerebro” masculino o femenino, a menudo se hace para probar que alguno de los dos -generalmente el masculino-es superior al otro.

Pareciera que es más fácil explicar el mundo desde las diferencias que desde los complementos, el entramado social, las redes, los conocimientos generados colectivamente no son validados a la hora de caracterizarnos como individuos. Podemos concluir entonces que las manos son nuestra tarea pendiente.

 

Mi comentario no es imparcial.

Por poseer un cerebro "normal", y por lo tanto ser negado para las ciencias "duras", según el estudio frenológico de los científicos "duros" de la universidad de Bath, mi opinión responde a mis inclinaciones académicas. Además, en clara alusión sexual y la relación de mi dedo meñique con mi anular (ahora me explico de la asimetría sospechosas de mis dedos de la mano), creo, y esto lo digo convencido y con el índice en alto, de que los señores investigadores efectivamente están en lo cierto.

Para demostración absoluta de ello están nuestros índices de testosterona de los filósofos y poetas peruanos, que en perfecta emulación vallejiana, nos morimos de hambre pero no de amor. Entonces, quiero agradecer con mi hemisferio izquierdo, esta iluminación de los Bathianos, ya tengo para justificarme en mis próximos romances nerudianos (leyendo el poema 20 a punta de violines y peluches) o de mis notas universitarias, siempre tan contradictorias, ahora ya sé, por una lucha dialéctica de mis hemisferios y la pasión de mi anular, y a veces, no muchas, de mi tierno y comprensivo lado femenino.

En resumidas cuentas, asumo que la lectura planteada posee riqueza pare un mayor debate y no solo de género (para gozo de las hegemonías actuales discursivas), sino que además nos plantea un tema controvertido desde el punto de vista metodológico. No sé los sistemas metodológicos usado para tales conclusiones y cual lado del cerebro predomina en ellos pero es sumamente interesante reconocerme en sus diagnósticos finales.


Ciencia Estrambótica,
por Nora Bär
Diario La Nación Online

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Hace casi un siglo y medio, el psiquiatra piamontés Cessare Lombroso se hizo célebre postulando que existen señales anatómicas que delatan a los delincuentes.

Así es: pegó el grito de ¡eureka! observando el cráneo de un bandolero italiano, Villella. Parece ser que el conjunto óseo le inspiró la idea de que los criminales exhiben defectos y asimetrías anatómicas diversas (algunos de los cuales los asemejan al chimpancé, dijo) que permitirían identificarlos.

El enfoque lombrosiano ya está desacreditado, pero todo indica que la tentación de encontrar un dato sólido en cuestiones tan etéreas como el talento humano es simplemente irresistible: un estudio de la Universidad de Bath, en Gran Bretaña, que se publicará en el British Journal of Psychology postula que los hombres que se dedican a las ciencias "duras" tienen niveles de estrógenos (hormonas femeninas) inusualmente elevados y sugiere que esto hace que se desarrolle más el hemisferio derecho de sus cerebros. El "cerebro derecho" es el que gobierna las capacidades analíticas y espaciales. El trabajo además plantea una conjetura que hace sonreir: todo esto se traduciría en la longitud relativa de los dedos índice y anular, cuya razón está relacionada genéticamente con las hormonas sexuales y se mantiene a lo largo de la vida. Las personas con un dedo índice más corto que el anular habrían estado sometidas a mayor testosterona mientras estaban en el útero materno; aquellas con el índice más largo que el anular, al estrógeno.

La diferencia en longitudes sería pequeña -de un dos o tres por ciento, dicen los investigadores de Bath- pero, así y todo, importante. La exposición a las hormonas prenatales -y, por lo tanto, el largo del dedo índice- también influiría en el éxito académico: otro trabajo afirma que cuanto menor es la diferencia entre el índice y el anular sus dueños obtienen mejores notas. Según el estudio de Bath los hombres que tienen niveles de testosterona mucho más altos de lo normal también desarrollarían un hemisferio cerebral derecho dominante que los ayudaría en su tarea científica. Es decir, entre los hombres, tanto los de baja como los de alta testosterona serían poseedores de un cerebro dotado para las ciencias "duras", y aquellos que caen dentro del rango normal tendrían un cerebro orientado a las ciencias sociales.

Claro, habrá quienes se pregunten cómo, con tantos temas urgentes que resolver, los científicos pierden tiempo en medirles los índices y anulares a sus colegas, ¿no es cierto? ¿Ser un investigador exitoso será una cuestión de hormonas? Para sir Peter Medawar, premio Nobel de Medicina o Fisiología 1960, seguramente esto sería, cuanto menos, dudoso. En "Consejos a un joven científico" (Fondo de Cultura Económica, 1982), escribió: "En el mundo de la ciencia, el principiante ciertamente leerá u oirá decir El científico esto o El científico aquello. Que no lo crea. No existe esa persona, el científico. Hay científicos, desde luego, y hay una colección tan variada de temperamentos como entre los abogados, los clérigos, los empleados o los encargados de piscinas".

Lo esencial, según Medawar, es que "una vez que haya experimentado esa sensación que Freud ha llamado el sentimiento oceánico -que es la recompensa de cualquier verdadero avance del entendimiento-, entonces habrá mordido el anzuelo y no le interesará ningún otro tipo de vida".


 
 
 
Autor/a de este artículo:
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KARINA NUÑEZ
Asistente Social

Becaria Chilena
IFP AR&SC Grupo 4

Karina está siguiendo su apresto preacadémico. Su área de interés es Derechos Humanos y Desarrollo Comunitario.

 

RUBEN QUIROZ
Filósofo

Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 4

Rubén está siguiendo su apresto preacadémico en la PUCP. Su área de interés es Arte y Cultura.
 
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