La sección "Comentando
Ideas" es un espacio para compartir ideas en torno a un
texto en común, del cual l@s autor@s que comentan no conocen
el autor ni el momento en que fue escrito, hasta este momento.
Al final de los comentarios se puede leer el texto base
en forma íntegra. L@s autor@s de los comentarios sólo
recibieron una fracción de el, aunque la más representativa.
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Cuestión
de Dedos |
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No morir de amor |
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Texto de Karina |
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Texto de Rubén |
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El desarrollo cognoscitivo es un tema que nos
ha nutrido con respuestas variadas, donde una de las razones del
éxito académico y la capacidad de una persona para
las ciencias duras es aducida a la longitud de sus dedos índice
y anular. Entonces, estamos invitados a mirarnos las manos y ver
si efectivamente independiente de la disciplina que hemos desarrollado
nuestros dedos marcan otro destino.
Aunque para muchos, pueden ser anecdóticas
dichas explicaciones surgen con mayor recurrencia, este año
en el marco de la constitución de la Red de Alimentación
para América Latina , una investigadora del INTA plantea
que las personas más inteligentes son aquellas que tienen
un perímetro de cabeza mayor, es decir, los “cabezones”;
a mayor cabeza mayor inteligencia. Más allá de lo
cuestionable que pueden ser estas construcciones de conocimiento,
están allí, validadas, cuantificadas y publicadas.
Lo que no significa que la biología sea una fatalidad,
sino sólo que nos expone sus puntos de vistas.
Lo que somos y la forma en que vivimos, en gran
medida está dictado por los mensajes que forman e informan
nuestros cerebros. Cuando se habla del “cerebro” masculino
o femenino, a menudo se hace para probar que alguno de los dos
-generalmente el masculino-es superior al otro.
Pareciera que es más
fácil explicar el mundo desde las diferencias que desde
los complementos, el entramado social, las redes, los conocimientos
generados colectivamente no son validados a la hora de caracterizarnos
como individuos. Podemos concluir entonces que las manos son nuestra
tarea pendiente.
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Mi comentario no es imparcial.
Por poseer un cerebro "normal", y por lo tanto ser
negado para las ciencias "duras", según el estudio
frenológico de los científicos "duros"
de la universidad de Bath, mi opinión responde a mis inclinaciones
académicas. Además, en clara alusión sexual
y la relación de mi dedo meñique con mi anular (ahora
me explico de la asimetría sospechosas de mis dedos de
la mano), creo, y esto lo digo convencido y con el índice
en alto, de que los señores investigadores efectivamente
están en lo cierto.
Para demostración absoluta de ello están nuestros
índices de testosterona de los filósofos y poetas
peruanos, que en perfecta emulación vallejiana, nos morimos
de hambre pero no de amor. Entonces, quiero agradecer con mi hemisferio
izquierdo, esta iluminación de los Bathianos, ya tengo
para justificarme en mis próximos romances nerudianos (leyendo
el poema 20 a punta de violines y peluches) o de mis notas universitarias,
siempre tan contradictorias, ahora ya sé, por una lucha
dialéctica de mis hemisferios y la pasión de mi
anular, y a veces, no muchas, de mi tierno y comprensivo lado
femenino.
En resumidas cuentas, asumo que la lectura planteada posee riqueza
pare un mayor debate y no solo de género (para gozo de
las hegemonías actuales discursivas), sino que además
nos plantea un tema controvertido desde el punto de vista metodológico.
No sé los sistemas metodológicos usado para tales
conclusiones y cual lado del cerebro predomina en ellos pero es
sumamente interesante reconocerme en sus diagnósticos finales.
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Ciencia Estrambótica,
por Nora Bär
Diario La Nación Online
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Hace casi un siglo y medio, el psiquiatra piamontés
Cessare Lombroso se hizo célebre postulando que existen señales
anatómicas que delatan a los delincuentes.
Así es: pegó el grito de ¡eureka!
observando el cráneo de un bandolero italiano, Villella. Parece
ser que el conjunto óseo le inspiró la idea de que los
criminales exhiben defectos y asimetrías anatómicas diversas
(algunos de los cuales los asemejan al chimpancé, dijo) que permitirían
identificarlos.
El enfoque lombrosiano ya está desacreditado,
pero todo indica que la tentación de encontrar un dato sólido
en cuestiones tan etéreas como el talento humano es simplemente
irresistible: un estudio de la Universidad de Bath, en Gran Bretaña,
que se publicará en el British Journal of Psychology postula
que los hombres que se dedican a las ciencias "duras" tienen
niveles de estrógenos (hormonas femeninas) inusualmente elevados
y sugiere que esto hace que se desarrolle más el hemisferio derecho
de sus cerebros. El "cerebro derecho" es el que gobierna las
capacidades analíticas y espaciales. El trabajo además
plantea una conjetura que hace sonreir: todo esto se traduciría
en la longitud relativa de los dedos índice y anular, cuya razón
está relacionada genéticamente con las hormonas sexuales
y se mantiene a lo largo de la vida. Las personas con un dedo índice
más corto que el anular habrían estado sometidas a mayor
testosterona mientras estaban en el útero materno; aquellas con
el índice más largo que el anular, al estrógeno.
La diferencia en longitudes sería pequeña
-de un dos o tres por ciento, dicen los investigadores de Bath- pero,
así y todo, importante. La exposición a las hormonas prenatales
-y, por lo tanto, el largo del dedo índice- también influiría
en el éxito académico: otro trabajo afirma que cuanto
menor es la diferencia entre el índice y el anular sus dueños
obtienen mejores notas. Según el estudio de Bath los hombres
que tienen niveles de testosterona mucho más altos de lo normal
también desarrollarían un hemisferio cerebral derecho
dominante que los ayudaría en su tarea científica. Es
decir, entre los hombres, tanto los de baja como los de alta testosterona
serían poseedores de un cerebro dotado para las ciencias "duras",
y aquellos que caen dentro del rango normal tendrían un cerebro
orientado a las ciencias sociales.
Claro, habrá quienes se pregunten cómo,
con tantos temas urgentes que resolver, los científicos pierden
tiempo en medirles los índices y anulares a sus colegas, ¿no
es cierto? ¿Ser un investigador exitoso será una cuestión
de hormonas? Para sir Peter Medawar, premio Nobel de Medicina o Fisiología
1960, seguramente esto sería, cuanto menos, dudoso. En "Consejos
a un joven científico" (Fondo de Cultura Económica,
1982), escribió: "En el mundo de la ciencia, el principiante
ciertamente leerá u oirá decir El científico esto
o El científico aquello. Que no lo crea. No existe esa persona,
el científico. Hay científicos, desde luego, y hay una
colección tan variada de temperamentos como entre los abogados,
los clérigos, los empleados o los encargados de piscinas".
Lo esencial, según Medawar, es que "una
vez que haya experimentado esa sensación que Freud ha llamado
el sentimiento oceánico -que es la recompensa de cualquier verdadero
avance del entendimiento-, entonces habrá mordido el anzuelo
y no le interesará ningún otro tipo de vida".
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Usted está viendo un artículo de la Edición Nº9.
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Autor/a de este
artículo:
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KARINA NUÑEZ
Asistente Social
Becaria Chilena
IFP AR&SC Grupo 4
Karina está siguiendo su apresto preacadémico. Su
área de interés es Derechos Humanos y Desarrollo
Comunitario.
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RUBEN QUIROZ
Filósofo
Becario Peruano
IFP AR&SC Grupo 4
Rubén está siguiendo su apresto preacadémico
en la PUCP. Su área de interés es Arte y Cultura. |
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